Daniel
Omar Favero "Dane"

Nació en La
Plata el 30 de julio de 1957
Desaparecido el 24 de junio de 1977 .
Escritor,
músico y estudiante de letras en la facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata.
Daniel nació en La Plata el 30 de julio de
1957. Creció en un barrio de calle de tierra y zanja, donde sus padres habían
construido una familia de cinco y una casa sencilla y de puertas abiertas. Allí
conoció a sus primeros amigos, algunos de ellos serían sus compañeros de la Escuela 8, luego del
Colegio Nacional y de la vida.
Le faltaban días para cumplir los 20 años
cuando lo desaparecieron en junio de 1977. Estudiaba letras en la facultad de
Humanidades de la
Universidad de La
Plata, y era escritor y músico. En el año 1992, se presentó
su libro, "Los últimos poemas", editado en una colección de poesía
que dirige José Luis Mangieri. Militaba en la Juventud Universitaria
Peronista.
Vivía con su compañera María Paula Alvarez
en un departamento en la calle 57 entre 12 y 13. El 24 de junio de 1977, una
comisión policial de la
Brigada de Investigaciones comandada por el policía Raúl
Orlando Machuca se presentó en el departamento de ellos y los secuestró. Según
una testigo, los dos fueron sacados vivos. Machuca había tratado de secuestrar
a Daniel previamente. No se sabe nada sobre su destino.
“Yo no quise salvarme sino del egoísmo.
Quise hacer con mis manos una comunidad
de vida y esperanza. Quise amar y luchar.
Ahora y por siempre.
El amor es mi descanso. La lucha, mi salvación.
La muerte no es la tumba, ni el mar.”
Del
Libro "Ultimos poemas" de Daniel Omar Favero
"Nosotros, ellos y un grito", Daniel Omar Favero, Libros de Tierra Firme, 2007.
Dolor, testimonio, canto y grito en la militancia lírica de Daniel Omar Favero
que el sello Libros de Tierra Firme ha rescatado para la colección "Todos
bailan". Dice la voz vibrante de Favero: "Me duele este silencio de
cárcel y tormento,/ esta ausencia de cuerdas de concreta dulzura/ sobre los
viejos charcos que me ensucian el alma,/ esta traición al grito de esperanza
nacido,/ ultrajado y difunto y otra vez arrojado/ a recorrer la tierra, sin fin
y sin corceles. ¡Que caigan las sonoras palabras que mintieron,/ como el agua a
la sed de un infinito campo,/ a los brazos en alto que sostienen la luz,/ al
olvido clavado en el centro del mundo/ y a mí mismo que quiero saltar este
esqueleto/ para fundar más puro mi canto libertario!". El libro traduce
momentos de hondo dramatismo, su compromiso vital y existencial estalla en cada
verso, deja huella, impone su vital transparencia, su dignidad sin fisuras. El
poeta, músico y estudiante fue secuestrado y desaparecido el 24 de junio de
1977, junto a su compañera María Paula Alvarez, en un departamento de la calle
57 n° 880, de nuestra ciudad. En su tramo final, el libro recoge los pormenores
e instancias legales del secuestro de Favero ("Se apagó la luz"), así
como la solicitud de invalidez de las leyes de impunidad presentada por el
fiscal Félix Crous en el Juicio por la Verdad. En el año 1992, el editor José Luis
Mangieri presentó "Ultimos poemas", de Daniel Omar Favero, de cuya
voz aún resuena: "Yo no quise salvarme sino del egoísmo".
Del Diario “eL Día” de La
Plata.
NO TE CAIGAS, YA SE QUE ES MAS FACIL LA MUERTE,
como un desprendimiento total, un abandono,
como un dejarse estar, que nos borre la lluvia,
que nos lave los huesos y ser en la pureza.
No me atrevo a pedírtelo como tu obligación.
El deber me parece un remiendo del alma.
No te caigas… acaso llamo a tu condición,
a tu espontaneidad, a tu amor que trasciende
abarcándome como si latiéramos juntos.
Te llamo desde un frente donde somos hermanos
y nos necesitamos: aquí, los enemigos
son quienes quieren vernos desertores, cobardes.
Del
libro “Nosotros, Ellos y un Grito” de Daniel Omar Favero
Recopilación de las Obras de Autores
Argentinos Desaparecidos.- 26/2/05 (Argentina)
Recopilación de las Obras de Autores Argentinos Desaparecidos
Se Publicará la
Primera Recopilación de las Obras de Autores Desaparecidos
Palabra Viva "Es un trabajo doloroso pero indispensable"
Víctor Redondo, presidente de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, cuenta
detalles de esta iniciativa. El libro, de 260 páginas, incluye poemas, cuentos,
ensayos, artículos periodísticos y cartas.
Víctor Redondo dice que todavía resta encontrar material de otros 32 escritores
desaparecidos.
Por Silvina Friera
El bache era insólito, un agujero negro en la memoria del cuerpo social. El
presidente de la Sociedad
de Escritoras y Escritores de la
Argentina (SEA), el poeta y editor Víctor Redondo, se
pregunta, entre asombrado e incrédulo, cómo no se publicó antes la pri! mera
antología que reúne obras de autores desaparecidos durante la última dictadura
militar, que la SEA
está preparando, y que se presentará en la Feria Internacional
del Libro. Y confiesa que uno de los primeros objetivos que se propusieron
cuando crearon la SEA
–en marzo de 2001– fue averiguar cuántos escritores había desaparecidos y
quiénes eran. "Lanzamos un llamado a toda la entidad para que aquellos que
tuvieran algún tipo de información nos hicieran llegar los nombres. Así armamos
la primera lista con 60 escritores, que la presentamos públicamente en el
Palais de Glace. A partir de ahí se formó una comisión de socias que durante
casi un año estuvo haciendo una tarea detectivesca, que consistía en conseguir
un contacto con aquel del cual apenas teníamos un nombre y después encontrar
algún texto que haya escrito", recuerda Redondo en la entrevista con
Página/12. Los nombres desaparecidos fueron apareciendo y la lista completa,
desgraciadamente, creció: son 103 escritor! es, pero sólo se consiguieron
textos de 71.
La antología, que t endrá 260 páginas y una tirada inicial de 5.000 ejemplares
–comprados en buena parte por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares
(Conabip)–, incluye poemas, cuentos, artículos periodísticos y cartas de
Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Paco Urondo, Roberto Santoro, Enrique Angelelli
(el obispo de La Rioja),
Miguel Angel Bustos, Roberto Carri, Raymundo Gleyzer, Norberto Habegger, Susana
"Pirí" Lugones, Carlos Mujica, Héctor Oesterheld y Enrique Raab,
entre otros. "Sabemos que esta primera edición será el disparador para que
otra gente que tenga datos nos los haga llegar. No sólo de aquellos que tenemos
el nombre, y nos falta el material, sino de otros que no tenemos ni siquiera el
nombre", señala Redondo. "Hay una cierta injusticia para los
escritores que no son conocidos, porque cuando mencionamos a Walsh, a Conti, a
Bustos, a Santoro, no mencionamos a los Walsh que mataron y que no pudieron
desarrollar su trabajo; chicos que tenían 17 años, y cuando mirás las fotos te
rev! uelve las tripas. Este es un trabajo doloroso pero indispensable, porque
no sólo está el texto sino que hay una mínima biografía. Gente demasiado humana
termina siendo un nombre y dos renglones."
Redondo advierte que le resulta increíble estar haciendo un libro sobre
muertos, que rápidamente requerirá de una segunda edición porque, seguramente,
la lista (que se puede consultar en www.lasea.org) se incrementará con nuevos
nombres y textos después de la publicación. "El proyecto tuvo repercusión
en todo el mundo; llaman de Holanda, de Francia, de España, del País Vasco, de
Italia, de México. Esa repercusión es positiva –aclara el poeta– porque es la
manera de prepararnos para evitar en el futuro cualquier posibilidad de que se
repitan asesinatos en masa como ocurrieron en nuestro país."
Redondo también menciona a la
SADE, la otra entidad que nuclea a los escritores, y explica
por qué este trabajo de recopilación no se hizo antes: "La SADE nunca hizo este trabajo!
porque no existe, o existe en los papeles y la están terminando de de struir. La SADE no hizo esto porque,
entre otras cosas, los militares les dieron pensiones graciables de por vida a
varios de los integrantes de comisiones directivas. La SADE está en otra cosa, se
vació de contenido, está usurpada por un grupito que está usando lo que queda
de esa institución para su disfrute personal. La SADE no representa nada para
los escritores, por eso creamos la
SEA, por el vacío de representación que tenían los escritores".
Además de la antología, la SEA
está empezando la mudanza a la nueva sede en Once (Bartolomé Mitre 2815), en
donde a partir de abril funcionará un centro cultural de la entidad, que tendrá una
biblioteca con autores argentinos y un auditorio para conferencias y
presentaciones de libros. La nueva sede fue otorgada en comodato por la Onabe (Organismo Nacional de
Administración de Bienes del Estado) y su remodelación se realizará gracias a
un subsidio de 40.000 pesos, aprobado en diciembre por la Legislatura porteña.
–¿Qué rol ocupa hoy el escritor en la sociedad
argentina?
–El rol del escritor es contar historias, desarrollar el lenguaje, recrear las
palabras y volverlas a poner en circulación. No tiene ninguna otra obligación
más que escribir, pero si además de eso el escritor quiere jugar un rol en la
sociedad, yo, personalmente, creo que debe hacerlo. La gracia de la vida
consiste en involucrarse en todo lo que pasa. Mi ideal, lo que yo trato de
poner en práctica, es el del militante. Al margen de mi escritura, aunque yo
escriba de angelitos, trato de luchar por mejorar la vida de todos. El ideal de
ser humano es el del militante, que implica estar en organizaciones. Estoy
absolutamente en contra de las ideas de transversalidad y autodeterminación; lo
mejor que podemos hacer es organizarnos, tener un programa y luchar por eso.
–¿Cuáles serían los problemas que enfrenta el autor en el siglo XXI?
–Quisiera encontrar una manera original de deci! r lo que ya todos sabemos. El
problema principal que tiene el escritor es la estupidización del mundo, la
vulgarización de las cosas, la masificación, la nulificación y la concentración
económica, que transformó a las editoriales en empresas puramente comerciales.
El escritor no tiene una manera normal de dar a conocer su trabajo porque tiene
enfrente a editoriales que se manejan con criterios de marketing, y muchos de
los que trabajan en esas editoriales son íntimos amigos. La lógica del mercado
se impuso hasta para nuestros amigos; saben que no pueden editar un libro
porque es buena literatura, tienen que editar un libro porque se supone que va
a vender. Como conocen las recetas, las siguen aplicando constantemente. Y
además, en nuestro país, no hay prácticamente ningún incentivo a la creación
literaria: los premios Nacionales y Municipales están parados hace años, el
Fondo Nacional de las Artes sigue parado.
–¿Cómo definiría usted la lógica del oficio del escritor?
–El oficio literario es el secreto, el misterio, l! o que cada uno hace en la
soledad más absoluta, es encontrarle nuevos sentidos a la realidad, es poder
expresar lo que mucha gente siente pero no le encuentra nombre, es luchar para
que el lenguaje, que está siendo reducido por el capitalismo a meras consignas,
vuelva a tener riqueza, para que la juventud que maneja ochocientas palabras
pueda tener mejores maneras de hablar y de entenderse. Pero eso es el viejo
oficio: de Homero para acá el oficio del escritor implica encontrarles palabras
a las cosas.
–El año pasado se empezó a hablar de una suerte de renacimiento del mundo
editorial. ¿Está de acuerdo?
–La primavera que están viviendo las editoriales argentinas es un producto
pasajero de la devaluación. Nada más que eso. La verdad es que se está leyendo
cada vez menos, no sólo en la
Argentina. El problema que tienen las editoriales es que no
pueden parar de editar, porque si paran de editar tienen que cerrar y como son
un negocio tienen que, inevitablemente, ! sacar libros todos los meses, aunque
lo que editan lo tengan a los dos meses de vuelta en los depósitos. Es una
máquina, un circuito que necesita alimentarse a sí mismo. Las editoriales viven
en una burbuja financiera, pero la cuestión es que las editoriales cada vez
están más ricas y los escritores cada vez más pobres, salvo una pequeña elite
que forma parte de ese circuito que vende. •
103 escritoras y escritores desaparecidos y asesinados.
¡Presentes!
Jorge de la Cruz Agüero,
Lucina Álvarez de Barros, Enrique Ángel Angelelli, Joaquín Enrique Areta,
Osvaldo Domingo Balbi, Oscar Osvaldo Barros, José Beláustegui, Carlota Belli,
Alicia Raquel Burdisso, Miguel Ángel Bustos, Julio César Campopiano, Arturo
Canedo del Oso, Eugenio Carri, Conrado Ceretti, Álvaro Martín Colombo, Haroldo
Conti, José Carlos Coronel, Enrique Courau, Dardo Sebastián Dorronzoro, Claudio
Epelbaum, Luis Fabbri, Daniel Omar Favero, Claudio Ferraris, Alcira
Fidalgo, Liliana Élida Galletti, Horacio Oscar García Gastelú, Marcelo Ariel
Gelman, Raymundo Gleyzer, ! Sara Elba Grande, Nicolás Grandi, Diego Julio Guagnini,
Diana Guerrero, Norberto Armando Habegger, Juan Carlos Higa, Ignacio Ikonicoff,
Franca Jarach, Enrique Juárez, Gloria Kehoe Wilson, Ana María Lanzillotto,
Susana Pirí Lugones, Mónica María Candelaria Mignone, Cecilia Laura Minervini,
Alberto Molinas, Jorge Money, Carlos Mugica, Agustina María Muñiz Paz, Héctor
Germán Oesterheld, Rodolfo Ortega Peña, Ana María Ponce, Raúl Horacio Premat,
Enrique Raab, José Eduardo Ramos, Julio Ricardo Rawa-Jasinski, Carlos Alberto
Rincón, Raquel del Carmen Rubino, Ricardo Luis Salinas, Hugo O. Pajarito
Sánchez, Roberto Jorge Santoro, Guillermo Oscar Segalli, Eduardo Aníbal
Serrano, María Rosa Silveira Gramont, Luis Alberto Soldati, Carlos Miguel
Tillet, Francisco Paco Urondo, Silvio Mario Valderrama, María Antonia Vargas de
Rueda, Enrique Walker, Rodolfo Walsh, Mauricio Fabián Weinstein, Tilo Arenst
Wenner, Oscar Wurm
Escritoras/es de los que no conseguimos textos pero cuyas biografías figuran al
final del libro:
Claudio Adur, Armando Archet ti, Ramón Oscar Bianchi, Alberto Santiago
Burnichón, Carlos Carrizo, Alicia Graciana Eguren de Cooke, Oscar Fernández
Corrales, Héctor Manuel Freijo, Silvio Frondizi, Alberto Jorge Gorrini, Luis
Rodolfo Guagnini, Mario Hernández, Maurice Jeger, Mauricio Amílcar López, Nebio
Ariel Melo Cuesta, Liliana Edith Molteni, Mónica Morán, Claudio Alejandro
Ostrej, Eduardo Pereyra Rossi, Carlos Alberto Pérez, Rafael Perrota, Susana
María Teresa Pertierra, Marta Irene Prioli, Julio Iván Roqué, María Elena San
Martín de Valetti, Francisco René Santucho, Elías Semán, Delfor Santos Soto,
Horacio Rodolfo Speratti, Eduardo Suárez, Roberto Claudio Valetti, Margarita
Rosa Waisse de Lombardi.
Palabra Viva.
Textos de escritoras y escritores desaparecidos y víctimas del terrorismo de
Estado. Argentina 1974-1983 saldrá con el sello editorial de la SEA y tendrá una tirada
inicial de 5.000 ejemplares de 260 páginas. Su edición es posible gracias a un
acuerdo con la Conabip
por el cual ! nos compran 2.000 ejemplares para distribuir en todas las
bibliotecas populares del país. Cuenta con el auspicio de la Secretaría de Derechos
Humanos de la Nación.
Será presentado a fines de abril en un gran acto en la Feria del Libro.
Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina SEA http://www.lasea.org Correo-e: escribanos@lasea.org
Gentileza:: Actas [ redaccion@poetas.com
]
paginahttp://www.paginadigital.com.ar/articulos/2004/2004quint/literatura3/palabra-viva-sea-2125.aspdigital
Juicio por la Verdad
Miércoles 22 de diciembre de 1999 (A)
El director de su colegio
lo citó para
interrogarlo
Un sobreviviente de centros clandestinos
declaró que mientras cursaba la secundaria en el Colegio Nacional el director
lo citó para un interrogatorio del que participaron un grupo de presuntos
represores. Y que meses más tarde fue secuestrado y torturado.
Por Francisco Martínez (Secretaría de Prensa APDH La Plata)
LA PLATA.- Un ex detenido contó hoy en el Juicio por la Verdad que meses antes de
ser secuestrado por las Fuerzas de Seguridad, fue interrogado por el director
del colegio secundario al que concurría y por un grupo de presuntos represores.
Luis
Favero declaró por la desaparición de su hermano, Daniel Omar, y por su
detención ilegal durante la última dictadura. El testigo dijo que el 1° de
septiembre de 1976, quien era el director del Colegio Nacional de La Plata en ese momento, Juan
Stomo, hizo desalojar el establecimiento quince minutos antes de la salida
habitual. Y que junto a un grupo de cuatro compañeros, fue interrogado por el
director y unas personas, que más tarde secuestraron a tres de ellos, luego
liberados. “Así se inicia ‘La
Noche de los Lápices’”, manifestó Favero.
Meses
después, el 12 de febrero de 1977, Favero fue secuestrado y permaneció detenido
ilegalmente durante una semana en varios centros clandestinos. Pasó por la Brigada de Investigaciones
de La Plata, la División de Cuatrerismo
de Arana y la comisaría quinta de esta ciudad.
El testigo dijo que en la
Brigada de Investigaciones había gente que “colaboraba” con
las fuerzas represivas. Allí Favero fue torturado durante un interrogatorio, al
igual que en el centro de Arana.
A
los cuatro días de ser secuestrado fue llevado a la comisaría quinta, en donde
compartió el cautiverio en una celda pequeña con 23 personas. Favero coincidió
en su testimonio con otrrió el 1 de junio de ese año en el departamento que
habitaba en calle 57 entre 12 y 13. Y aportó un informe sobre actuaciones
labradas ante el Ejército, en el que se dice que Daniel Favero, y su compañera,
Paula Alvarez, fueron muertos en un enfrentamiento.
Ese
informe está firmado por el entonces oficial Raúl Machuca, de la Policía de la Provincia, y por un
suboficial de apellido Argüello. “El cadáver de mi hermano no apareció, y en
ese informe dice que lo habían entregado a la Morgue”, manifestó Favero.
Miércoles 12 de diciembre de 2001
Se
apagó la luz
En tanto, también declaró el ex policía Raúl Orlando Machuca, quien
condujo el operativo policial en el que desaparecieron Daniel Omar Favero y
María Paula Álvarez, en la madrugada del 24 de junio de 1977, en un
departamento ubicado en la calle 57 número 880.
En esa oportunidad, Machuca actuó como jefe de una “comisión policial”
conformada por cuatro hombres, entre los que estaba Julio César Argüello, el
suboficial principal que fue arrestado la semana pasada acusado de cometer
falso testimonio durante su declaración.
Después
del procedimiento del 24 de junio, tanto Argüello como Machuca declararon en un
sumario tramitado ante un Consejo de Guerra, en 1977. Hoy, el ex policía
ratificó su testimonio de entonces y afirmó que la pareja que habitaba el
departamento “cayó en el enfrentamiento”.
“Cuando
salieron, les gritamos ‘Policía’ y sacaron armas. En eso se apaga la luz del
pasillo y ahí se produce el enfrentamiento”, manifestó, sin advertir que este
dato no lo aportó en su declaración de 1977.
Más
tarde, añadió: “Hubo una confusión y un nerviosismo importante, gritos y muchos
disparos. Los dos cayeron impactados, porque veíamos la sangre”. Cuando el juez
Alberto Durán le pidió que precise si Favero y Álvarez habían muerto, Machuca
respondió: “Y, doctor, que no se movían, no se movían”.
La
semana pasada, Argüello declaró que no podía determinar si la pareja había sido
“abatida”. En 1977, había indicado que Paula Álvarez había “caído” y que Daniel
Favero se había entregado.
“Mi
misión era velar para que nadie salga, porque a la madrugada el departamento
iba a ser allanado por personal del COT 1 (Comando de Operaciones Tácticas).
Teníamos llave de un departamento que estaba en diagonal al de la pareja.
Nosotros íbamos por si salían y se dio el caso de que salieron”, dijo hoy
Machuca. Y agregó: “Fue un intercambio de disparos, con el agravante de que se
apagó la luz”.
En la
época del ataque al departamento del matrimonio desaparecido, Machuca prestaba
servicios en la Brigada
de Investigaciones de La Plata,
ubicada en la calle 55, entre 13 y 14. Pese a que el comisario en ese entonces
era Rubén Oscar Páez, el ex policía aseguró que las órdenes de realizar el
operativo en la calle 57 las recibió del comisario Juan Carlos Nogara.
“Él
ordenó el procedimiento. Fue el que llegó con un grupo de 15 hombres después
del tiroteo y estuvo a cargo del posterior traslado de la pareja”, señaló
Machuca. Y explicó que Nogara tenía una importante participación en las
operaciones de la Brigada
de Investigaciones. “Estaba a cargo de todo lo que se hacía. Y también estaba
(el comisario Luis) Vides, que iba y venía, estaba en todos lados en lo que era
operatividad. Vides era tan arbitrario que hasta teníamos miedo”.
Además
de ser interrogado por su participación en el operativo de la calle 57, a Machuca se le preguntó
sobre el funcionamiento de la
Brigada de Investigaciones durante la dictadura. En este
sentido, el ex policía reconoció la existencia de un centro clandestino de
detención en esa dependencia.
“Cuando
llegó Páez, la Brigada
se dividió en dos, digámoslo así: una parte que funcionaba normalmente y la
parte trasera, en donde estaban los calabozos. Allí había detenidos políticos,
ilegales”, aseveró el testigo.
Machuca
contó que en la puerta que daba a la parte posterior de la dependencia había un
cartel que, en letras rojas, decía “área restringida”. “Allí los detenidos
generalmente entraban encapuchados”, afirmó. Y se atajó: “Pero yo no tenía
acceso a esa zona, nunca hablé con uno de esos detenidos”.
“Los del
COT 1 traían a la gente relacionada con la actividad política y subversiva.
Llegaban primero a la Brigada
y después se los llevaban a otros centros”, sostuvo el testigo. Y contó que
había un grupo de personas secuestradas que “colaboraban con las fuerzas de
seguridad y con las Fuerzas Armadas. Vides y Nogara hablaban con ellos y
después se iban a atrás a hablar con los otros detenidos”.
El ex
policía también dijo que el personal de la Brigada a veces participaba en el traslado de
detenidos de otras dependencias policiales en donde funcionaban centros
clandestinos de detención. “Nosotros éramos de refuerzo. Nos lo pedían los del
COT 1, porque siempre estaba latente que (los detenidos) podían hacer un copamiento
para ser liberados”, dijo Machuca, quien colaboró en el traslado de
secuestrados alojados en las comisarías 5º y 8º de esta ciudad y en la Brigada de Investigaciones
de Banfield.
Miércoles 5 de diciembre de 2001
Arrestan por falso
testimonio a un policía en la sala de audiencias
El Tribunal ordenó la detención del
suboficial principal Julio Argüello luego de que incurriera en “flagrantes
contradicciones” en su declaración. Fue alojado en la alcaidía de los
tribunales federales y quedó a disposición del juez Corazza.
Por Vanina Wiman, Lucas Miguel y
Francisco Martínez
(Secretaría de Prensa)
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Argüello, observando un plano de la Brigada de
Investigaciones (izq.); El Tribunal ordenó su arresto en la sala de
audiencias (der.) [ Fotos: FM ]
ver más fotos
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LA PLATA.- El policía Julio César Argüello fue detenido hoy por orden
de la Cámara Federal
de La Plata,
acusado de cometer falso testimonio en su declaración. El hoy suboficial
principal, que declaró en carácter de testigo, cayó en "flagrantes
contradicciones" al negar hoy afirmaciones que había realizado en 1977, en
un sumario abierto ante un Consejo de Guerra, como consecuencia de su
participación en el operativo en el que fueron desaparecidos Daniel Omar Favero
y su mujer, María Paula Álvarez.
"Arréstelo, nomás", dijo
el presidente del Tribunal, el juez Leopoldo Schiffrin, luego de que Argüello
brindara un testimonio plagado de imprecisiones sobre su intervención en ese
procedimiento, ocurrido el 24 de junio de 1977 en el departamento de la pareja
desaparecida, ubicado en la calle 57 número 880.
Dos días después de ese episodio,
Argüello -que en ese momento era cabo en la Brigada de Investigaciones de La Plata- declaró en un
sumario por orden del entonces comisario Rubén Oscar Páez que el objetivo del
operativo había sido "llamar a la rendición a una célula subversiva"
ubicada en el departamento de Daniel Favero.
En ese mismo sumario consta la
declaración del policía Raúl Machuca, jefe del grupo operativo en el que
Argüello participó junto a otro oficial no identificado. Según Machuca, los
tres efectivos estaban apostados en el departamento "donde se presumía se
alojaban delincuentes subversivos", cuando "de forma imprevista"
la pareja "abrió fuego contra el personal policial". Y finaliza:
"Tal actitud es respondida de igual forma (por la policía) hasta que la
mujer y el hombre caen abatidos".
Argüello, en ese momento, pareció
ver otra cosa. Según su declaración en el mismo expediente, en cuanto el grupo
se identificó como personal policial la pareja habría intentado huir disparando
sobre los policías. El policía señaló que como consecuencia de eso recibió un
tiro en el pie. Y agregó, también en 1977, que antes de perder el conocimiento,
vio cómo "la mujer caía herida mientras que el hombre se entregaba y era
detenido".
Hoy, en su testimonio ante la Cámara Federal,
Argüello dio una tercer versión: "Yo no puedo precisar que el hombre haya
sido detenido ni que la mujer cayó herida. No lo recuerdo", dijo.
"Yo no sabía a qué estábamos yendo", aseguró además, cuando el juez
Alberto Durán le pidió que ratifique que él estaba al tanto del objetivo del
procedimiento. "Yo no participaba de los grupos operativos. Yo en ese
momento realizaba el mantenimiento de los vehículos de la dependencia",
indicó.
Cuando se le preguntó por qué
había integrado entonces ese grupo de tareas, respondió: "A uno le decían
'vaya a hacer tal cosa' y uno iba. Uno no podía preguntar". No obstante,
no explicó por qué, si su tarea en la Brigada era llevar los vehículos policiales al
taller, se encontraba en la dependencia en horas de la madrugada, cuando fue
realizado el operativo.
Por otra parte, el testigo negó
que el grupo de policías estuviera "vigilando" el lugar, como expresó
Raúl Machuca en 1977. "Yo llegué con él y el otro policía en un auto y
ellos dos se identificaron enseguida", aseveró. Y cuando se le requirió
que precisara si la pareja había sido detenida -y no "abatida", como
afirmó Machuca- dijo que no podía "ni negarlo ni confirmarlo".
Las preguntas de los jueces
apuntaron también al funcionamiento del centro clandestino de detención en la Brigada de
Investigaciones, en 55 entre 13 y 14. Argüello también se mostró reticente a
responder. "Nunca ví detenidos encapuchados o vendados. Yo nunca tuve
acceso a los calabozos", señaló el policía, que ingresó a la dependencia
en 1976.
Durán le recordó que la existencia
del centro clandestino en ese lugar está comprobada. "Cualquiera que haya
trabajado allí se tiene que haber enterado de lo que ocurría", le
advirtió.
No obstante, Argüello dijo no haber siquiera oído comentarios de sus colegas
sobre la presencia de detenidos ilegales en el lugar. "Yo no soy de
hacerme amigos", indicó.
Durante el transcurso de la
audiencia, Durán hizo notar al testigo la "manifiesta contradicción entre
sus dos declaraciones" y le recordó en varias ocasiones que "usted se
encuentra bajo juramento de ley y no podrá desembarazarse de la responsabilidad
de un falso testimonio".
"No puedo esperar de este
testigo ninguna verdad", expresó el fiscal Félix Crous, cuando se le
inquirió si deseaba formular preguntas. Instantes después, Argüello era
esposado delante del público presente en la sala de audiencias. El arresto del
policía constituye un hecho inédito en la historia del Juicio por la Verdad. Argüello
es el tercer policía denunciado por falso testimonio por la Cámara Federal,
pero es la primera vez que el denunciado queda detenido.
En diálogo con esta Secretaría de
Prensa, el juez Durán señaló que es probable que el policía quede detenido toda
la noche. La denuncia fue remitida al Juzgado Federal Nº 3, a cargo del juez Arnaldo
Corazza.
En ese mismo juzgado, la ex
detenida María Laura Bretal presentó hoy una denuncia por amenazas contra la
esposa de Argüello. Cuando el testigo se retiraba esposado de la sala, varios
de los presentes aplaudieron, entre ellos Bretal. La esposa del policía, que
estuvo sentada en la primer fila de audiencias mientras su marido declaraba,
pasó al lado de la ex detenida y le dijo por lo bajo: "Asesina también tu
hija". Bretal estaba embarazada cuando fue secuestrada en mayo de 1978.
"La Cámara dio una señal de que
los policías no pueden venir a mentir en un tribunal de Justicia. Algunos
jueces se hartaron de que les tomaran el pelo", dijo la secretaria
Jurídica de la APDH La
Plata, Marta Vedio.
Miércoles 19 de junio de 2002
Una testigo vio que
Favero y
su mujer salieron vivos de su casa
En una inspección ocular, los jueces
recorrieron el lugar del secuestro de la pareja desaparecida. Se desmorona la
versión policial del "enfrentamiento".
Por Francisco Martínez y Vanina Wiman (Secretaría de Prensa)
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De este edificio de 57 entre 12 y 13 se llevaron a Daniel
Favero y María Paula Alvarez (izq.); en la inspección ocular, el juez Reboredo
y López Comendador buscan con la mirada el punto desde donde la testigo vio
el secuestro (Fotos: FM)

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PLATA.- Una
testigo del secuestro de Daniel Favero y María Paula Alvarez ratificó hoy
ante la Cámara
Federal que la pareja salió con vida de su departamento,
luego del operativo policial que los hizo desaparecer el 24 de junio de
1977.
Alejandra López Comendador confirmó así sus dichos de octubre de 1999, que
contradicen la versión policial del "enfrentamiento" y del
"abatimiento" de los dos desaparecidos. Esta tarde, en una
inspección ocular, los jueces y la testigo fueron hasta el departamento en
el que vivían Favero y Alvarez, y del que fueron vigilados por una comisión
policial cuyos integrantes declararon en el Juicio por la Verdad.
La mujer dijo que, desde su departamento, ubicado en la vereda
de enfrente y a unos 20
metros, vio que "a Paula la sacaban viva, la
llevaban alzada. Ella clamaba por su madre. Después, lo sacaron a Daniel a
patadas". Los represores bajaron una pequeña escalera de acceso al
edificio, en la calle 57 número 880 de esta ciudad.
"Como era invierno y los árboles no tenían hojas, yo pude ver desde mi
ventana", graficó López Comendador, en una frase que repitió durante
la recorrida. Y agregó, señalando la vivienda en la que ella estaba:
"Mi hermano me pedía que no me asomara porque me iban a volar la
cabeza".
Esa noche, López Comendador vio que dos autos habían llegado a la cuadra.
Su hermano, Luis López Comendador, desaparecido cuatro días después, fue al
2°G del edificio donde vivía Favero.
Allí vivía un hombre al que la familia conocía desde 1974. Se llamaba
Eduardo Pérez, cuya esposa y el hermano de ésta estaban armando junto a
López Comendador una compañía de animación de fiestas infantiles. Esa noche
fue a pedirles unos zapatos de tap, pero se encontró que había otros
personajes en el departamento.
"No hay nadie y rajá de acá", le dijeron tres personas que en ese
momento le parecieron unos "facinerosos". "Mi hermano ahí me
dijo que algo malo iba a pasar", dijo hoy la testigo.
Después, desde su departamento los hermanos López escucharon un disparo.
"Estoy segura que no hubo un tiroteo. Porque una cosa es ¡pum, pam!, y
otra cosa muy diferente es un disparo", declaró Alejandra.
A los pocos minutos, vieron cómo retiraban a la pareja del edificio. López
Comendador dijo que eran "bastantes" los represores que
participaron. A los cuatro días, Luis López Comendador fue secuestrado del
mismo departamento desde el que vio todo. Hoy está desaparecido.
Los policías que declararon en el caso dijeron que estuvieron haciendo
"una ratonera" y que la orden que recibieron de sus jefes de la Brigada de
Investigaciones era vigilar que Favero y Alvarez no se escaparan. Esa
vigilancia se realizó en el 2°G, departamento que está contiguo al 2°E de
la pareja.
En la inspección ocular, se comprobó que la distancia entre dos ventanas
enfrentadas de los departamentos es de 3 metros. Y entre la
puerta del "G" y del "E" hay 7 metros, teniendo
cada una de ellas una mirilla de amplia visión.
Según la versión policial, el "enfrentamiento" comenzó cuando
Favero y Alvarez salieron al pasillo con intenciones de retirarse del
edificio. Hasta hoy se creía que para hacer eso tendrían que haber pasado
por delante del departamento en el que estaban los policías, pero con la
inspección ocular se comprobó lo contrario.
En efecto, el departamento "G" está al fondo del pasillo, desde
donde los policías tenían toda la visión de lo que sucedía y un excelente
punto de disparo. Uno de los policías, Julio Argüello, resultó herido,
razón por la cual se formó un sumario policial que es de donde salieron los
nombres de los oficiales que participaron.
Uno de las personas que participó de la inspección, charlando sobre lo
sucedido, dijo que la versión de los policías resultaba ser "un cuento
de pe a pa".
Tanto Julio Argüello, Raúl Machuca como Mario Sita dijeron que no sabían si
después del "enfrentamiento" Favero y su mujer habían resultado
muertos.
Argüello brindó tan pocas precisiones que los jueces decidieron denunciarlo
por falso testimonio. Machuca, dijo los cuerpos de Favero y Alvarez
"no se movían" . Y Sita contó que después del "tiroteo"
se fue corriendo para la
Brigada a pedir refuerzos.
El departamento "G" pertenecía en esa época a Eduardo Pérez a
quien la testigo López Comendador calificó hoy de "loco". "Tengo
miedo de lo que pueda hacerle a mis hijos", agregó.
La mujer mencionó además que Raúl Víctor Monzón, el policía que la semana
pasada declaró no saber nada del hecho, concurría "asiduamente"
al departamento de Pérez. Y lo reconoció en una fotografía que le exhibió
el
Tribunal.
Monzón era el jefe de Pérez en el Cuerpo de Infantería de la policía, pero
negó saber que el policía haya puesto su departamento a disposición de un
operativo represivo. "A mí me da la sensación de que eran amigos, iba
siempre", dijo hoy López Comendador.
El fiscal Crous pidió durante la audiencia que la Cámara cite a
declaración informativa a Pérez y a su esposa, Adriana Palacios.
En la inspección también estuvo la madre de Daniel Favero, Amneris
Perusini. "Para mí es mucha emoción porque nunca había dado con un
testigo", expresó. No había vuelto allí desde 1986, cuando un
bioquímico la había dejado entrar para ver la vivienda desde la que fue
secuestrado su hijo, que tenía entonces 19 años.

Caso
Favero: el policía vecino de los desaparecidos se negó a declarar
Fue quien prestó el departamento a
los policías que hicieron la "ratonera" contra la pareja desaparecida.
Su ex esposa negó saber qué pasó.
Por Francisco Martínez, Vanina Wiman y Lucas Miguel
(Secretaría de Prensa)

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Pérez
se negó a declarar como imputado en el caso Favero, pero testimonió sobre
las condecoraciones de su legajo (Foto: FM)
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PLATA.-
El policía que prestó el departamento desde el
que se hizo la "ratonera" contra Daniel Favero y María Paula
Alvarez se negó hoy a declarar ante la Cámara Federal de
esta ciudad, en las audiencias en las que se investiga el destino de la
pareja desaparecida el 24 de junio de 1977.
Gerardo Eduardo Pérez, un oficial de policía aún en actividad, había
sido citado por el Tribunal como testigo, pero luego de que negara haber
conocido a los desaparecidos y de haber reconocido que vivía en el 2°G del
edificio de calle 57 N° 880, el fiscal ad hoc Félix Crous pidió que su
declaración pase a ser informativa.
El argumento fue que existirían elementos para incriminar penalmente
a Pérez por el hecho investigado. Así, la Cámara accedió a la solicitud del Ministerio
Público y Pérez tuvo la oportunidad de negarse a declarar.
Entre los asistentes a la audiencia se comentaba que si Eduardo
Pérez hablaba sobre la desaparición de Favero y Alvarez, todo lo que dijese
podría volverse nulo en un eventual proceso penal, ya que nadie está
obligado a declarar en su contra.
Pérez, según está acreditado en la causa, cedió el departamento a
los policías para que realicen la vigilancia de la pareja, que vivía en el
2°E del edificio. Este hecho podría involucrarlo penalmente como partícipe
necesario de lo que les pasó a los dos desaparecidos.
Según la versión policial, esa noche se produjo un enfrentamiento en
el pasillo con resultado incierto: ante la Cámara, los policías
Julio Argüello, Raúl Machuca y Mario Sita dijeron no saber si la pareja
había resultado "abatida", mientras que el sumario policial
sentenció que habían muerto.
Pero la semana pasada, una testigo del operativo reveló que vio cómo
esa noche Alvarez era retirada en andas del edificio. "Clamaba por su
mamá", recordó Alejandra López Comendador. Y agregó que a Favero
"lo sacaban a patadas".
Lo que pasó el 24 de junio de 1977 fue confirmado en forma parcial
por Adriana Palacios, la ex mujer de Pérez, quien declaró como testigo.
La mujer contó que estaba en el departamento que alquilaba junto al
policía Pérez, su novio en ese momento, cuando llegaron los policías que
hicieron la "ratonera". "Vinieron y me pidieron el
departamento. No me dejaron llamar a mi esposo y me dijeron que no saliera
del edificio. Tomé un camisón y me fui", contó Palacios.
La testigo señaló que se dirigió al departamento de una amiga, en el
primer piso del edificio. Desde allí escuchó "gritos y patadas",
según sus expresiones. También oyó que alguien gritaba: "Muéranse,
milicos hijos de puta".
Palacios añadió que escuchó "varios tiros" y "pasos
de gente que iba y venía" y que horas más tarde volvió a su
departamento y vio manchas de sangre en el pasillo e impactos de bala en
las paredes. También, añadió más tarde, vio una soga o "algo
anudado" que colgaba de la ventana del dormitorio en donde estaba la
pareja desaparecida.
La ex esposa de Pérez dijo que no conocía a las personas que
hicieron la vigilancia a Favero y Alvarez. Y contó que su hermano Osvaldo
fue al departamento y se encontró con los policías, quienes lo echaron del
lugar.
Sobre el final de la audiencia, el juez Julio Reboredo le dijo a
Palacios que le resultaba extraño que ella y su hermano se hubiesen ido sin
preguntarse quiénes eran las personas que virtualmente invadieron el
departamento. "Su declaración no me convence", le espetó.
"Es lo que sé que sucedió", respondió tímidamente Palacios.
Palacios también negó que su ex esposo supiese algo. "Estaba totalmente
ajeno a todo lo sucedido", declaró.
En otro tramo de su testimonio, expresó que su hermano Osvaldo
conocía a Luis López Comendador, el hermano de la testigo que vio cómo se
llevaban secuestrados a Favero y a Alvarez. Este joven también fue al departamento
"2°G" esa noche, a buscar un par de zapatos de tap, y fue echado
por los policías, quienes le parecieron unos "fascinerosos".
Cuatro días después, López Comendador fue también secuestrado y hoy está
desaparecido.
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Monzón:
"Escuché que hubo un operativo ahí pero no estuve" (Foto: FM)
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Favero y Mariani
En la jornada de hoy también declaró el comisario inspector de la Policía bonaerense
Raúl Ricardo Monzón, quien en la actualidad presta funciones en el Comando
de Patrullas de Berazategui. Compareció vestido con el uniforme de la
fuerza, exhibiendo seis condecoraciones, y tras apoyar la gorra sobre el
estrado.
Monzón fue convocado en el marco de la causa en la que se investiga la
desaparición de Daniel Favero y su esposa, María Paula Álvarez, ocurrida el
24 de junio de 1977 en un departamento de la calle 57, entre 12 y 13, de
esta ciudad.
El policía, que entonces era ayudante subinspector y se desempeñaba en el
Cuerpo de Infantería local, era amigo y superior del entonces agente
Gerardo Pérez, dueño de un departamento contiguo al del matrimonio
desaparecido, desde el que cuatro policías de la Brigada platense
vigilaron a los Favero.
Los jueces dirigieron sus preguntas a determinar el rol de Monzón en ese
operativo. "Escuché que hubo un operativo ahí, pero no estuve. Ese día
yo estaba de guardia en Infantería", dijo el comisario.
Además, agregó que nunca supo que Pérez hubiera puesto su departamento a
disposición de un operativo que comandó la Brigada de
Investigaciones. Y señaló que pudo ser factible que un superior le hubiera
ordenado a Pérez poner el departamento al servicio de ese operativo y que
él no se hubiera enterado.
Debido a las contradicciones de los policías que ya declararon en la causa,
la Cámara
no pudo determinar si Favero y su esposa fueron asesinados durante el
operativo o secuestrados e ingresados en el circuito de centros
clandestinos.
Por otro lado, los jueces interrogaron a Monzón por su participación en el
procedimiento en el que fueron asesinados Diana Teruggi, Daniel Mendiburu
Eliçabe, Roberto Porfidio y Juan Carlos Poiris, y secuestrada la beba Clara
Anahí Mariani, en la hoy denominada "Casa de la Resistencia",
en 30 entre 55 y 56.
El 24 de noviembre de 1976, Monzón concurrió al operativo al mando de diez
oficiales de Infantería, que se apostaron sobre la calle 29 para cerrar la
manzana. "Nuestra misión era estar ahí atrás. Yo comandaba al grupo,
pero estaba subordinado a la gente de (la Brigada de)
Investigaciones", aseguró el comisario, que remarcó que nunca ingresó
a la casa porque "lo teníamos prohibido". También recordó que
durante el procedimiento estuvieron presentes el Ejército y la Marina: "No tengo
ni idea qué hacían ellos. Se supone que ese día fueron a buscar gente que
estaba en contra de esa época (sic)", agregó.
Los jueces, entonces, le preguntaron qué sabía de aquel operativo.
"Dijeron
que murieron siete u ocho y los trasladaron a la morgue", respondió.
—¿Se enteró que había un bebé dentro de la casa? — inquirió el juez Alberto
Durán.
—Me comentaron que había un bebé, pero no sé que pasó con él. No me
acuerdo.
La participación de Monzón en aquel procedimiento se desprende de su
legajo, que señala que recibió una condecoración el 30 de noviembre de
1976, seis días después del ataque a la casa. "La Jefatura lo felicita,
ha tenido activa participación en un enfrentamiento armado con elementos
marginados de la sociedad, dejando plenamente asentado en el evento la
valentía, capacidad y celo profesional con que se encuentran dotados los
efectivos de esta repartición", dice el legajo.
No obstante, Monzón reiteró que su función se limitó a vigilar que
"nadie huyera" por la calle 29, donde hizo guardia, y que no
ingresó en la vivienda. También agregó que las condecoraciones se daban
"por el hecho de haber estado en el lugar, nada más".
El comisario aclaró también que en esta clase de operativos el Cuerpo de
Infantería obedece las órdenes de la Brigada de Investigaciones. Los jueces,
entonces, le preguntaron cómo hacía para reconocer el rango de un policía
vestido de civil (los integrantes de las brigadas operan de esa manera):
"Bueno, uno ve que hay un hombre a cargo de un grupo y que todos
acatan las órdenes y, bueno, ese es el jefe".
—Entonces un buen actor podría ordenar a la Infantería -le dijo
el juez Leopoldo Schiffrin en tono irónico.
—Y, sí. Infantería era una fuerza disciplinada. No preguntaba, acataba
órdenes.
Durante la última dictadura funcionó un centro clandestino de detención en
el Cuerpo de Infantería de la
Policía, en 1 y 60 de esta ciudad. Las preguntas de los
jueces también se dirigieron en ese sentido.
Monzón reconoció sin vueltas la existencia del centro clandestino y dibujó
un plano sobre el lugar, a pedido de un abogado de la APDH La Plata.
Reconoció que "los detenidos estaban en una compañía (galpón)",
pero deslindó responsabilidades de los efectivos policiales al afirmar que
"eso estaba a cargo del Ejército" y que "nosotros estábamos
en la puerta, pero no podíamos ingresar" al galpón.
Además, calculó que habría alrededor de 120 personas detenidas ilegalmente,
"100 hombres y veinte mujeres, más o menos", a quienes se
ingresaba por una puerta trasera "con los ojos vendados". Y
añadió que el centro clandestino funcionó entre 1976 y 1979.
Por otro lado, dijo que los detenidos eran alimentados por el Ejército,
pero que "cocinaba el cocinero nuestro".
Monzón, además, demostró tener una excelente memoria al ser preguntado
puntualmente sobre distintos hechos vinculados con la represión ilegal en La Plata. Pero cuando
se le inquirió que enumerara todos en los que estuvo, dijo: "He ido a
varios procedimientos, innumerables, pero no los recuerdo a todos
exactamente".
Caso
Favero: pocas precisiones de un
policía que participó en el secuestro
Mario Sita dijo que no supo si
Favero y su mujer murieron en el operativo. Y negó haber sido condecorado
por “eliminar personas”. En tanto, el represor Rubén Lavallén no se
presentó a declarar
Por Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)
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Mario Sita: "Para mí estaban heridos o
muertos, porque no se movían"
(Foto: FM)
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PLATA.-
Otro policía que participó del operativo de
secuestro de Daniel Favero y María Paula Alvarez brindó pocos datos a la
investigación que lleva adelante la Cámara Federal
de esta ciudad, en el reinicio de las audiencias orales y públicas del
Juicio por la Verdad,
que investiga la represión ilegal de la última dictadura.
Mario Víctor Sita, un suboficial mayor retirado de la Policía provincial, no
pudo precisar si el matrimonio de desaparecidos fue asesinado durante el
operativo, ocurrido el 24 de junio de 1977 en un departamento de calle 57
de esta ciudad.
"Para mí estaban heridos o muertos, porque no se movían", expresó
el policía, coincidiendo en el nivel de claridad de su jefe, Raúl Machuca,
y su compañero en el operativo, Julio Argüello, quienes declararon a fines
del año pasado (ver 121201 y 051201).
El 5 de diciembre Argüello fue arrestado y denunciado por la Cámara por cometer
falso testimonio, ya que se contradijo con una declaración prestada en 1977
en un sumario policial, en el que había indicado que el grupo de policías
se dirigió a "llamar a la rendición a una célula
subversiva".
Hoy, Sita dijo que él y sus compañeros fueron llevados por Machuca a realizar
el operativo, sin que les dieran mayores explicaciones. "Quién lo
ordenó, no sé. No sabíamos quién iba a salir", afirmó.
Agregó que Favero y Alvarez salieron del domicilio y "les dimos la voz
de alto. Se dan vuelta y ellos empezaron a disparar, ¿vio?. Se imagina que
nosotros tuvimos que hacer más o menos lo mismo que ellos".
Sita contó que después del tiroteo Machuca le ordenó ir a la Brigada de
Investigaciones, donde los policías prestaban servicios. "Cuando
vuelvo, ya no estaban ni los heridos, ni los muertos. Estaban los
jefes", relató.
En el supuesto tiroteo fue herido Argüello, quien se recuperó en el
Instituto Médico Platense, donde brindó la declaración en el sumario
policial. En ese testimonio, Argüello dijo que cayendo al suelo observó
cómo "la mujer caía herida mientras que el hombre se entregaba y era
detenido".
Mario Sita dijo hoy que vio caer a Argüello y que vio también cuando
cayeron -abatidos o no- Favero y Alvarez. Pero cuando el Tribunal le
preguntó cuándo se había producido la detención a la que aludió Argüello,
Sita contestó: "Habrá sido cuando fui a la Brigada".
Sita apeló al "no recuerdo" en varias oportunidades durante su
declaración, incluso cuando se le preguntó por qué había sido condecorado
en noviembre de 1976 con la orden San Miguel Arcángel.
Según consta en su legajo, esa vez Sita fue ascendido de sargento a
sargento 1° por "mérito extraordinario", por haber
"eliminado de la sociedad a elementos estremadamente (sic) peligrosos,
para beneficio de la misma y prestigio de la Institución".
"He recibido muchos diplomas, medallas", presumió Sita y agregó:
"Hubo un momento en que ascendieron a mucha gente".
-¿Tiene la certeza de no haber recibido una felicitación por eliminar
personas? -preguntó la abogada Marta Vedio, de la APDH La Plata.
-No -contestó Sita, tajante- por eliminaar personas, no.
Tras esta respuesta, la abogada pidió a la Cámara que considere la
posibilidad de ordenar un procesamiento por falso testimonio contra el
policía, cuestión que no fue tratada.
A su turno, el juez Leopoldo Schiffrin expresó que había "un problema
serio" en la declaración de Sita y que "ninguno de los policías
citados por el Tribunal pudo resolver esta contradicción".
"Temo que estemos ante actitudes preestablecidas, lo cual me resultaría
muy penoso", agregó el juez. Al salir de la sala de audiencias, Sita
fue insultado por algunos integrantes del público.
Miércoles 10 de julio de 2002
La Asamblea entregó a Cafiero
listas de policías que revistaron en centros clandestinos
Los listados incluyen a los
efectivos que comparecieron ante la Cámara Federal
de La Plata,
en el marco del Juicio por la Verdad.
Por Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
LA
PLATA.- La Asamblea Permanente por
los Derechos Humanos La
Plata entregó hoy al ministro de Seguridad y Justicia
bonaerense, Juan Pablo Cafiero, y a la subsecretaria de Derechos Humanos,
Sara Derotier, cuatro listados que contienen los nombres de policías que
revistaron en centros clandestinos de detención durante la última dictadura
cívico-militar y que comparecieron ante la Cámara Federal
en el marco del Juicio por la
Verdad. El organismo, además, expuso a Cafiero en una
carta un petitorio de "medidas inmediatas" a adoptar en una nueva
política de seguridad.
La entrega de la documentación se dio en el marco de una reunión que
mantuvo el flamante titular de la cartera de Seguridad y los subsecretarios
de Justicia y Políticas Penitenciarias bonaerenses, Carlos Martiarena y
Marcelo Lapargo, con el denominado Grupo de Trabajo, integrado por
organismos estatales y no gubernamentales, del que forma parte la APDH La Plata.
La Asamblea entregó un listado general de 82 policías que comparecieron en
el Juicio por la Verdad
y otras tres listas que desagregan esa información, clasificando a los efectivos
por participación en casos o centros clandestinos de detención. La lista
más numerosa la integran los policías que revistaron en la Comisaría 5° y en el
Destacamento de Arana.
En ella aparece Mario Alberto Mijín, superior directo del comisario Alfredo
Franchioti, preso por el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano
Costeki, durante la masacre perpetrada por la Policía el 26 de junio
pasado en Avellaneda.
Las listas también incluyen los nombres de los efectivos comprometidos en
la causa abierta por la desaparición de la beba Clara Anahí Mariani y el
asesinato de sus padres, Diana Teruggi y Daniel Mariani, y de aquellos de
los que se sabe participaron o están seriamente implicados en la
desaparición de Daniel Favero y su
esposa María Paula Álvarez.
Los efectivos vinculados al caso Mariani prestaron servicios en distintos
cuerpos policiales, mientras que los del caso Favero
cumplieron funciones en la
Brigada de Investigaciones (centro clandestino "La Casita") y el
Cuerpo de Infantería, sede de otro centro.
Las listas entregadas por la
APDH La Plata a Cafiero y Derotier fueron acompañadas por
una carta en la que el organismo explica que ignora si varios de esos
policías ya fueron pasados a retiro, tarea sencilla de verificar para los
funcionarios.
"Esperamos que esta información sirva para comenzar un proceso de
reestructuración de la
Policía bonaerense, que la convierta en una fuerza al
servicio de la democracia y la comunidad, y para que nunca más sea
partícipe y ejecutora de los crímenes que enlutan a nuestro pueblo",
finaliza la misiva, que promete el envío a la brevedad de información más
detallada sobre la participación de efectivos de la fuerza en delitos de
lesa humanidad.
El petitorio para Cafiero
En otra carta, la
Asamblea expresó al flamante ministro "los puntos
sobre los que le pedimos atención y medidas inmediatas". El texto
incluye quince
ítems, entre los cuales se destacan:
- "Disponibilidad inmediata" dde los policías sospechados de
participar en el
terrorismo de Estado.
- "Constitución de un tribunal indeependiente" que lleve a cabo
los sumarios
de la fuerza.
- "Erradicación de la
Doctrina de SSeguridad Nacional de la Escuela Juan
Vucetich, con cambio de planes de estudio, métodos de enseñanza y
profesores".
- "Prohibición de reprimir marchas,, peticiones, manifestaciones,
piquetes,
asambleas, huelgas y toda otra forma de lucha popular legítima".
- "Disolución de los cuerpos especiializados en reprimir, como el
grupo GEO o
los llamados 'paleros'".
Además, la APDH La
Plata solicitó el cese de "razzias y los allanamientos masivos con
órdenes en blanco" y el "apartamiento total y absoluto de la
policía administrativa de la función de investigación".
La entrega de las cartas se dio esta mañana en el marco de una reunión en
la que también participaron la Defensoría de Casación Penal, la Comisión Provincial
por la Memoria,
la Comisión
de Derechos Humanos de la
Cámara baja, la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia, la Universidad Nacional
de La Plata,
el Instituto de Estudios en Ciencias Penales (INECIP) y el Centro de
Estudios Legales y Sociales, todos integrantes del denominado Grupo de
Trabajo.

GENERAL-JUDICIAL-8894
FISCAL PIDE INVALIDEZ
DE LEYES
DE PUNTO FINAL Y
OBEDIENCIA DEBIDA
LA PLATA, sep 16 (DIB).- El fiscal Félix
Crous, delegado por la Procuración General de la Corte de la Nación para actuar en
el Juicio por la Verdad
de La Plata,
pidió la invalidez e inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y
Obediencia Debida, y la detención e indagatoria de los policías
involucrados en el operativo en el que desaparecieron Daniel Favero y María Paula Alvarez, durante la
última dictadura.
La solicitud, fue
presentada ante el juez federal N°3 de La Plata, Arnaldo Corazza, y contempla que tanto
los policías que participaron de la "ratonera" contra la pareja
desaparecida como el entonces Jefe de la Brigada de Investigaciones de la Policía provincial,
sean juzgados por haber cometido delitos contra la humanidad.
Lunes 16 de septiembre de 2002
Caso
Favero: el fiscal Crous pide
detenciones y la invalidez de las leyes de impunidad
La solicitud reclama la indagatoria y detención de los policías que
participaron en el secuestro de Daniel Favero
y María Paula Alvarez, y de quien era en ese momento Jefe de la Brigada. El juez
de primera instancia Arnaldo Corazza deberá resolver el primer pedido que
se hace en La Plata
contra el Punto Final y la Obediencia Debida. Es una consecuencia de la
prueba recogida en el Juicio por la Verdad.
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Los cuatro acusados: Raúl Machuca, Julio Argüello,
Mario Sita, y Rubén Páez (Fotos: VW y FM)
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Por Francisco Martínez (Secretaría de
Prensa)
LA PLATA
(16sep02).- Félix Crous, el fiscal delegado por la Procuración General
para actuar en el Juicio por la
Verdad de esta ciudad, pidió la invalidez e
inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y la
detención e indagatoria de los policías involucrados en el operativo en el
que desaparecieron Daniel Favero y
María Paula Alvarez, durante la última dictadura.
La solicitud, una extensa denuncia de más de 140 páginas que fue presentada
la semana pasada ante el juez federal N°3 de La Plata, Arnaldo Corazza,
contempla que tanto los policías que participaron de la “ratonera” contra
la pareja desaparecida como el entonces Jefe de la Brigada de
Investigaciones de la
Policía provincial, sean juzgados por haber cometido
delitos contra la humanidad.
De esta forma, Crous denunció a los ex policías Raúl Orlando Machuca, Mario
Víctor Sita y Rubén Oscar Páez, y al actual suboficial principal Julio
César Argüello, y pidió al juez su indagatoria y consecuente detención.
Machuca comandó la comisión policial que esperó a Favero y a Alvarez el 24 de junio de 1977, en un
departamento del edificio de calle 57 entre 12 y 13 en el que vivían. Sita
y Argüello participaron también de la “ratonera”, y Páez era por entonces
Jefe de la Brigada
en la que todos trabajaban.
La versión aportada por los policías en el Juicio por la Verdad fue que tuvieron
un “enfrentamiento” en los pasillos del segundo piso del edificio, lo que
derivó en algo que ninguno de los ex efectivos se animó a decir: la
desaparición de los dos jóvenes.
El sumario policial instruído en esa época, a raíz de que Argüello fue
herido de bala, indicó que la pareja había resultado abatida. Sin embargo,
en sus delcaraciones testimoniales, ninguno de los policías se animó a
sostener con firmeza esa afirmación. Machuca, por ejemplo, señaló que “no
se movían”, aunque ratificó su firma en el sumario.
No obstante, sus testimonios quedaron debilitados cuando la Cámara tomó declaración
a Alejandra López Comendador, una mujer que desde la ventana de su
departamento, ubicado en la vereda de enfrente, vio esa noche como “a Paula
la sacaban viva, la llevaba alzada. Clamaba por su madre” y también observó
como “a Daniel lo sacaban a patadas”.
“Los policías imputados en este caso conocían cabalmente cual era el curso
causal que ponían en marcha participando de un secuestro como el que
sufrieron María Paula Alvarez y Daniel Omar Favero:
la inmediata detención ilegal, la segura aplicación de tormentos, el
alojamiento en condiciones que resultaban en si mismas la continuidad del
tormento, el aislamiento y el retaceo de la información buscada por los
familiares”, dijo el fiscal en su presentación, resumiendo la
responsabilidad de los imputados en el operativo.
La denuncia de Crous señala también el hecho de que nunca se probó la
muerte de Favero y Alvarez, que
permanecen desaparecidos. La propia dictadura, en ocasión del dictado de la Ley de Autoamnistía,
reconoció esos hechos. Al pedir informes a la Policía de la Provincia de Buenos
Aires, “el Brigadier Norberto Celestino Rosso —el Fiscal de la FFAA— no recibió respuesta
satisfactoria, porque no existían ninguno de esos registros, y en su
dictamen dejó sentado que no se había probado la muerte de Alvarez y Favero”, recuerda el fiscal.
El representante del Ministerio Público aportó nuevos detalles de la causa.
El propio Machuca, un joven oficial de entonces 23 años, “comandó una
comisión que fue a buscar a Favero
—luego desaparecido— el 1º de junio de 1976”. Este dato fue
brindado, en una declaración no pública, por un familiar del desaparecido
que reconoció a Machuca cuando declaró en el Juicio, el 12 de diciembre del
año pasado.
Crous también recogió una interesante conexión que estableció el
antrópologo Alejandro Incháurregui, en la causa del Juicio por la Verdad.
“Un día antes del secuestro de María Paula Alvarez y Daniel Omar Favero —es decir el 23 de junio de 1976—,
fueron secuestradas del mismo departamento Liliana Beatríz Marcos y Adriana
Mirta Bigueret, ambas estudiantes de psicología.”
Cerrando la cuestión, el fiscal añade: “Tres días después las llaves del departamento
le fueron devueltas a sus dueños por personal de la Brigada de
Investigaciones de la policía de la provincia de Buenos Aires. Durante ese
lapso fueron desaparecidos Alvarez y Favero.”
En cuanto a la responsabilidad penal de los imputados, la presentación
resalta que Machuca, Sita, Arguello y Páez sabían qué era lo que iba a
pasarles a la pareja desaparecida.
“En esta representación y consentimiento de injustificables hechos atroces
y aberrantes (haciéndolos de ese modo propios) deben incluirse todas las
alternativas del destino final de los detenidos, entre ellas el asesinato y
el ocultamiento el cadáver de los secuestrados, como corolario del periplo
iniciado con la captura perpetrada por los imputados.”
Félix Crous se dedica además a rebatir la “pueril versión” de los policías,
que dijeron que en la
Brigada de Investigaciones sólo cumplían funciones
admnistrativas. Argüello, por ejemplo, señaló que se dedicaba a reparar
autos, en horario nocturno.
“A poco que se repare —explica el fiscal— que el 1º de junio de 1977
Machuca visitó la casa de los Favero”,
y que Luis Favero, el hermano de
Daniel que declaró en el Juicio en diciembre de 1999, “fue secuestrado y
retenido en la Brigada
de Investigaciones el 12 de febrero de 1977, donde fue interrogado bajo
tortura sobre el paradero de su hermano”.
Recuerda, asimismo, que Luis López Comendador, hermano de la testigo clave
del caso, fue secuestrado cuatro días después de la desaparición de Favero y Alvarez. Este joven concurría a
recibir clases de zapateo americano al departamento, contigüo al de la
pareja desaparecida, que los policías utilizaron para hacer “la ratonera”.
Crous remata: “Mal pueden decir Machuca y sus subalternos que nada tuvieron
que ver con la represión estatal clandestina. Parece bastante claro que
esas familias, vecinas también de la Brigada de Investigaciones, fueron diezmadas
por la acción de una de las patotas que allí operaba”.
Además, en la exposición de los hechos, el representante del Ministerio
Público señala que la desaparición de Favero
y Alvarez “es un caso más en el cual se documenta falsamente en un
expediente una muerte que no fue producida del modo, en el lugar y al
tiempo que se declara en esas actuaciones”.
Y explica el procedimiento que utilizaban las fuerzas represivas de la
época: “Se dejaba constancia de un falso abatimiento en condiciones de
defensa legítima, con la particularidad de que no se entregaba el cadáver,
lo cual encubría la ilegal detención destinada a obtener información bajo
tortura, particularidad que permitía inferir, ahora y antes, que los
enfrentamiento podían no ser tales y que los muertos permanecían vivos”.
Invalidez de las leyes de impunidad
La mayor parte de la presentación de Crous se dedica a justificar la
necesidad de declarar la invalidez e inconstitucionalidad de las leyes de
Punto Final y Obediencia Debida, para abrir el camino a la sanción penal de
los policías que propiciaron la desaparición de Daniel Favero y María Paula Alvarez.
El fiscal recoge en su mayor parte los argumentos dados por el entonces
juez federal de Buenos Aires Gabriel Cavallo, quien en marzo del año pasado
declaró la nulidad y inconstitucionalidad de las normas de impunidad.
En el final de la denuncia, Crous señala que “estas leyes que tanto han
dañado la esperanza de afianzamiento de la Justicia una vez
restablecida la
Democracia, entrañan la violación masiva de normas de
máxima jerarquía nacional y supranacional, agravian a la República y ofenden
el sentimiento de justicia de la comunidad internacional”.
En otro párrafo, el fiscal desliza críticas al poder político que sancionó
las normas. “Para decirlo sin eufemismos, esas leyes estaban destinadas a
brindar impunidad total a la inmensa mayoría los ejecutores, a los
retransmisores de órdenes o mandos intermedios, y a buena parte los
oficiales superiores del aparato terrorista del Estado”, señala Crous.
Agrega que en el momento del dictado de las normas de impunidad, “las
causas 13 y 44 tenían sentencia, de modo que nadie podía hacerse el
desentendido ni rehuir el intrínseco disvalor de estas norma de impunidad
para delitos atroces, aberrantes y de lesa humanidad.”
Continúa Crous: “Perversa paradoja: para las víctimas de este circuito
judicial platense los tres poderes de la República emitieron
un mensaje enloquecedor: mientras el Poder Judicial mostraba el primer
atisbo de Justicia por los crímenes del “circuito Camps” (causa 44), el
Legislativo y el Ejecutivo consagraban, casi contemporáneamente, la impunidad
respecto de los mismos hechos”.
“Conmueve entonces | |