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Daniel Omar Favero "Dane"

 

Daniel Omar Favero

 

 


 

Nació en La Plata el 30 de julio de 1957

Desaparecido el 24 de junio de 1977 .

Escritor, músico y estudiante de letras en la facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata.

Daniel nació en La Plata el 30 de julio de 1957. Creció en un barrio de calle de tierra y zanja, donde sus padres habían construido una familia de cinco y una casa sencilla y de puertas abiertas. Allí conoció a sus primeros amigos, algunos de ellos serían sus compañeros de la Escuela 8, luego del Colegio Nacional y de la vida.

Le faltaban días para cumplir los 20 años cuando lo desaparecieron en junio de 1977. Estudiaba letras en la facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata, y era escritor y músico. En el año 1992, se presentó su libro, "Los últimos poemas", editado en una colección de poesía que dirige José Luis Mangieri. Militaba en la Juventud Universitaria Peronista.

Vivía con su compañera María Paula Alvarez en un departamento en la calle 57 entre 12 y 13. El 24 de junio de 1977, una comisión policial de la Brigada de Investigaciones comandada por el policía Raúl Orlando Machuca se presentó en el departamento de ellos y los secuestró. Según una testigo, los dos fueron sacados vivos. Machuca había tratado de secuestrar a Daniel previamente. No se sabe nada sobre su destino.

“Yo no quise salvarme sino del egoísmo.

Quise hacer con mis manos una comunidad

de vida y esperanza. Quise amar y luchar.

Ahora y por siempre.

El amor es  mi descanso. La lucha, mi salvación.

La muerte no es la tumba, ni el mar.”

                                          Del Libro "Ultimos poemas" de  Daniel Omar Favero

 

 

"Nosotros, ellos y un grito", Daniel Omar Favero, Libros de Tierra Firme, 2007.

Dolor, testimonio, canto y grito en la militancia lírica de Daniel Omar Favero que el sello Libros de Tierra Firme ha rescatado para la colección "Todos bailan". Dice la voz vibrante de Favero: "Me duele este silencio de cárcel y tormento,/ esta ausencia de cuerdas de concreta dulzura/ sobre los viejos charcos que me ensucian el alma,/ esta traición al grito de esperanza nacido,/ ultrajado y difunto y otra vez arrojado/ a recorrer la tierra, sin fin y sin corceles. ¡Que caigan las sonoras palabras que mintieron,/ como el agua a la sed de un infinito campo,/ a los brazos en alto que sostienen la luz,/ al olvido clavado en el centro del mundo/ y a mí mismo que quiero saltar este esqueleto/ para fundar más puro mi canto libertario!". El libro traduce momentos de hondo dramatismo, su compromiso vital y existencial estalla en cada verso, deja huella, impone su vital transparencia, su dignidad sin fisuras. El poeta, músico y estudiante fue secuestrado y desaparecido el 24 de junio de 1977, junto a su compañera María Paula Alvarez, en un departamento de la calle 57 n° 880, de nuestra ciudad. En su tramo final, el libro recoge los pormenores e instancias legales del secuestro de Favero ("Se apagó la luz"), así como la solicitud de invalidez de las leyes de impunidad presentada por el fiscal Félix Crous en el Juicio por la Verdad. En el año 1992, el editor José Luis Mangieri presentó "Ultimos poemas", de Daniel Omar Favero, de cuya voz aún resuena: "Yo no quise salvarme sino del egoísmo".
Del Diario “eL Día” de La Plata.

 

 

NO TE CAIGAS, YA SE QUE ES MAS FACIL LA MUERTE,

como un desprendimiento total, un abandono,

como un dejarse estar, que nos borre la lluvia,

que nos lave los huesos y ser en la pureza.

No me atrevo a pedírtelo como tu obligación.

El deber me parece un remiendo del alma.

 

No te caigas… acaso llamo a tu condición,

a tu espontaneidad, a tu amor que trasciende

abarcándome como si latiéramos juntos.

Te llamo desde un frente donde somos hermanos

y nos necesitamos: aquí, los enemigos

son quienes quieren vernos desertores, cobardes.

Del libro “Nosotros, Ellos y un Grito” de Daniel Omar Favero

 

 

Recopilación de las Obras de Autores Argentinos Desaparecidos.- 26/2/05 (Argentina)

 

Recopilación de las Obras de Autores Argentinos Desaparecidos

Se Publicará la Primera Recopilación de las Obras de Autores Desaparecidos
Palabra Viva "Es un trabajo doloroso pero indispensable"

Víctor Redondo, presidente de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, cuenta detalles de esta iniciativa. El libro, de 260 páginas, incluye poemas, cuentos, ensayos, artículos periodísticos y cartas.
Víctor Redondo dice que todavía resta encontrar material de otros 32 escritores desaparecidos.

Por Silvina Friera
El bache era insólito, un agujero negro en la memoria del cuerpo social. El presidente de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA), el poeta y editor Víctor Redondo, se pregunta, entre asombrado e incrédulo, cómo no se publicó antes la pri! mera antología que reúne obras de autores desaparecidos durante la última dictadura militar, que la SEA está preparando, y que se presentará en la Feria Internacional del Libro. Y confiesa que uno de los primeros objetivos que se propusieron cuando crearon la SEA –en marzo de 2001– fue averiguar cuántos escritores había desaparecidos y quiénes eran. "Lanzamos un llamado a toda la entidad para que aquellos que tuvieran algún tipo de información nos hicieran llegar los nombres. Así armamos la primera lista con 60 escritores, que la presentamos públicamente en el Palais de Glace. A partir de ahí se formó una comisión de socias que durante casi un año estuvo haciendo una tarea detectivesca, que consistía en conseguir un contacto con aquel del cual apenas teníamos un nombre y después encontrar algún texto que haya escrito", recuerda Redondo en la entrevista con Página/12. Los nombres desaparecidos fueron apareciendo y la lista completa, desgraciadamente, creció: son 103 escritor! es, pero sólo se consiguieron textos de 71.

La antología, que t endrá 260 páginas y una tirada inicial de 5.000 ejemplares –comprados en buena parte por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip)–, incluye poemas, cuentos, artículos periodísticos y cartas de Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Paco Urondo, Roberto Santoro, Enrique Angelelli (el obispo de La Rioja), Miguel Angel Bustos, Roberto Carri, Raymundo Gleyzer, Norberto Habegger, Susana "Pirí" Lugones, Carlos Mujica, Héctor Oesterheld y Enrique Raab, entre otros. "Sabemos que esta primera edición será el disparador para que otra gente que tenga datos nos los haga llegar. No sólo de aquellos que tenemos el nombre, y nos falta el material, sino de otros que no tenemos ni siquiera el nombre", señala Redondo. "Hay una cierta injusticia para los escritores que no son conocidos, porque cuando mencionamos a Walsh, a Conti, a Bustos, a Santoro, no mencionamos a los Walsh que mataron y que no pudieron desarrollar su trabajo; chicos que tenían 17 años, y cuando mirás las fotos te rev! uelve las tripas. Este es un trabajo doloroso pero indispensable, porque no sólo está el texto sino que hay una mínima biografía. Gente demasiado humana termina siendo un nombre y dos renglones."

Redondo advierte que le resulta increíble estar haciendo un libro sobre muertos, que rápidamente requerirá de una segunda edición porque, seguramente, la lista (que se puede consultar en www.lasea.org) se incrementará con nuevos nombres y textos después de la publicación. "El proyecto tuvo repercusión en todo el mundo; llaman de Holanda, de Francia, de España, del País Vasco, de Italia, de México. Esa repercusión es positiva –aclara el poeta– porque es la manera de prepararnos para evitar en el futuro cualquier posibilidad de que se repitan asesinatos en masa como ocurrieron en nuestro país."

Redondo también menciona a la SADE, la otra entidad que nuclea a los escritores, y explica por qué este trabajo de recopilación no se hizo antes: "La SADE nunca hizo este trabajo! porque no existe, o existe en los papeles y la están terminando de de struir. La SADE no hizo esto porque, entre otras cosas, los militares les dieron pensiones graciables de por vida a varios de los integrantes de comisiones directivas. La SADE está en otra cosa, se vació de contenido, está usurpada por un grupito que está usando lo que queda de esa institución para su disfrute personal. La SADE no representa nada para los escritores, por eso creamos la SEA, por el vacío de representación que tenían los escritores".

Además de la antología, la SEA está empezando la mudanza a la nueva sede en Once (Bartolomé Mitre 2815), en donde a partir de abril funcionará un centro cultural de la entidad, que tendrá una biblioteca con autores argentinos y un auditorio para conferencias y presentaciones de libros. La nueva sede fue otorgada en comodato por la Onabe (Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado) y su remodelación se realizará gracias a un subsidio de 40.000 pesos, aprobado en diciembre por la Legislatura porteña.

–¿Qué rol ocupa hoy el escritor en la sociedad argentina?

–El rol del escritor es contar historias, desarrollar el lenguaje, recrear las palabras y volverlas a poner en circulación. No tiene ninguna otra obligación más que escribir, pero si además de eso el escritor quiere jugar un rol en la sociedad, yo, personalmente, creo que debe hacerlo. La gracia de la vida consiste en involucrarse en todo lo que pasa. Mi ideal, lo que yo trato de poner en práctica, es el del militante. Al margen de mi escritura, aunque yo escriba de angelitos, trato de luchar por mejorar la vida de todos. El ideal de ser humano es el del militante, que implica estar en organizaciones. Estoy absolutamente en contra de las ideas de transversalidad y autodeterminación; lo mejor que podemos hacer es organizarnos, tener un programa y luchar por eso.

–¿Cuáles serían los problemas que enfrenta el autor en el siglo XXI?

–Quisiera encontrar una manera original de deci! r lo que ya todos sabemos. El problema principal que tiene el escritor es la estupidización del mundo, la vulgarización de las cosas, la masificación, la nulificación y la concentración económica, que transformó a las editoriales en empresas puramente comerciales. El escritor no tiene una manera normal de dar a conocer su trabajo porque tiene enfrente a editoriales que se manejan con criterios de marketing, y muchos de los que trabajan en esas editoriales son íntimos amigos. La lógica del mercado se impuso hasta para nuestros amigos; saben que no pueden editar un libro porque es buena literatura, tienen que editar un libro porque se supone que va a vender. Como conocen las recetas, las siguen aplicando constantemente. Y además, en nuestro país, no hay prácticamente ningún incentivo a la creación literaria: los premios Nacionales y Municipales están parados hace años, el Fondo Nacional de las Artes sigue parado.

–¿Cómo definiría usted la lógica del oficio del escritor?

–El oficio literario es el secreto, el misterio, l! o que cada uno hace en la soledad más absoluta, es encontrarle nuevos sentidos a la realidad, es poder expresar lo que mucha gente siente pero no le encuentra nombre, es luchar para que el lenguaje, que está siendo reducido por el capitalismo a meras consignas, vuelva a tener riqueza, para que la juventud que maneja ochocientas palabras pueda tener mejores maneras de hablar y de entenderse. Pero eso es el viejo oficio: de Homero para acá el oficio del escritor implica encontrarles palabras a las cosas.

–El año pasado se empezó a hablar de una suerte de renacimiento del mundo editorial. ¿Está de acuerdo?

–La primavera que están viviendo las editoriales argentinas es un producto pasajero de la devaluación. Nada más que eso. La verdad es que se está leyendo cada vez menos, no sólo en la Argentina. El problema que tienen las editoriales es que no pueden parar de editar, porque si paran de editar tienen que cerrar y como son un negocio tienen que, inevitablemente, ! sacar libros todos los meses, aunque lo que editan lo tengan a los dos meses de vuelta en los depósitos. Es una máquina, un circuito que necesita alimentarse a sí mismo. Las editoriales viven en una burbuja financiera, pero la cuestión es que las editoriales cada vez están más ricas y los escritores cada vez más pobres, salvo una pequeña elite que forma parte de ese circuito que vende. •

103 escritoras y escritores desaparecidos y asesinados.
¡Presentes!


Jorge de la Cruz Agüero, Lucina Álvarez de Barros, Enrique Ángel Angelelli, Joaquín Enrique Areta, Osvaldo Domingo Balbi, Oscar Osvaldo Barros, José Beláustegui, Carlota Belli, Alicia Raquel Burdisso, Miguel Ángel Bustos, Julio César Campopiano, Arturo Canedo del Oso, Eugenio Carri, Conrado Ceretti, Álvaro Martín Colombo, Haroldo Conti, José Carlos Coronel, Enrique Courau, Dardo Sebastián Dorronzoro, Claudio Epelbaum, Luis Fabbri, Daniel Omar Favero, Claudio Ferraris, Alcira Fidalgo, Liliana Élida Galletti, Horacio Oscar García Gastelú, Marcelo Ariel Gelman, Raymundo Gleyzer, ! Sara Elba Grande, Nicolás Grandi, Diego Julio Guagnini, Diana Guerrero, Norberto Armando Habegger, Juan Carlos Higa, Ignacio Ikonicoff, Franca Jarach, Enrique Juárez, Gloria Kehoe Wilson, Ana María Lanzillotto, Susana Pirí Lugones, Mónica María Candelaria Mignone, Cecilia Laura Minervini, Alberto Molinas, Jorge Money, Carlos Mugica, Agustina María Muñiz Paz, Héctor Germán Oesterheld, Rodolfo Ortega Peña, Ana María Ponce, Raúl Horacio Premat, Enrique Raab, José Eduardo Ramos, Julio Ricardo Rawa-Jasinski, Carlos Alberto Rincón, Raquel del Carmen Rubino, Ricardo Luis Salinas, Hugo O. Pajarito Sánchez, Roberto Jorge Santoro, Guillermo Oscar Segalli, Eduardo Aníbal Serrano, María Rosa Silveira Gramont, Luis Alberto Soldati, Carlos Miguel Tillet, Francisco Paco Urondo, Silvio Mario Valderrama, María Antonia Vargas de Rueda, Enrique Walker, Rodolfo Walsh, Mauricio Fabián Weinstein, Tilo Arenst Wenner, Oscar Wurm

Escritoras/es de los que no conseguimos textos pero cuyas biografías figuran al final del libro:

Claudio Adur, Armando Archet ti, Ramón Oscar Bianchi, Alberto Santiago Burnichón, Carlos Carrizo, Alicia Graciana Eguren de Cooke, Oscar Fernández Corrales, Héctor Manuel Freijo, Silvio Frondizi, Alberto Jorge Gorrini, Luis Rodolfo Guagnini, Mario Hernández, Maurice Jeger, Mauricio Amílcar López, Nebio Ariel Melo Cuesta, Liliana Edith Molteni, Mónica Morán, Claudio Alejandro Ostrej, Eduardo Pereyra Rossi, Carlos Alberto Pérez, Rafael Perrota, Susana María Teresa Pertierra, Marta Irene Prioli, Julio Iván Roqué, María Elena San Martín de Valetti, Francisco René Santucho, Elías Semán, Delfor Santos Soto, Horacio Rodolfo Speratti, Eduardo Suárez, Roberto Claudio Valetti, Margarita Rosa Waisse de Lombardi.

Palabra Viva.
Textos de escritoras y escritores desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado. Argentina 1974-1983 saldrá con el sello editorial de la SEA y tendrá una tirada inicial de 5.000 ejemplares de 260 páginas. Su edición es posible gracias a un acuerdo con la Conabip por el cual ! nos compran 2.000 ejemplares para distribuir en todas las bibliotecas populares del país. Cuenta con el auspicio de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Será presentado a fines de abril en un gran acto en la Feria del Libro.

Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina SEA http://www.lasea.org  Correo-e: escribanos@lasea.org

Gentileza:: Actas [ redaccion@poetas.com ]

paginahttp://www.paginadigital.com.ar/articulos/2004/2004quint/literatura3/palabra-viva-sea-2125.aspdigital

 

Juicio por la Verdad

 

Miércoles 22 de diciembre de 1999 (A)

El director de su colegio 
lo citó para interrogarlo 
Un sobreviviente de centros clandestinos declaró que mientras cursaba la secundaria en el Colegio Nacional el director lo citó para un interrogatorio del que participaron un grupo de presuntos represores. Y que meses más tarde fue secuestrado y torturado. 

Por Francisco Martínez  (Secretaría de Prensa APDH La Plata

LA PLATA.- Un ex detenido contó hoy en el Juicio por la Verdad que meses antes de ser secuestrado por las Fuerzas de Seguridad, fue interrogado por el director del colegio secundario al que concurría y por un grupo de presuntos represores. 

Luis Favero declaró por la desaparición de su hermano, Daniel Omar, y por su detención ilegal durante la última dictadura. El testigo dijo que el 1° de septiembre de 1976, quien era el director del Colegio Nacional de La Plata en ese momento, Juan Stomo, hizo desalojar el establecimiento quince minutos antes de la salida habitual. Y que junto a un grupo de cuatro compañeros, fue interrogado por el director y unas personas, que más tarde secuestraron a tres de ellos, luego liberados. “Así se inicia ‘La Noche de los Lápices’”, manifestó Favero. 

Meses después, el 12 de febrero de 1977, Favero fue secuestrado y permaneció detenido ilegalmente durante una semana en varios centros clandestinos. Pasó por la Brigada de Investigaciones de La Plata, la División de Cuatrerismo de Arana y la comisaría quinta de esta ciudad. 

El testigo dijo que en la Brigada de Investigaciones había gente que “colaboraba” con las fuerzas represivas. Allí Favero fue torturado durante un interrogatorio, al igual que en el centro de Arana.
 

A los cuatro días de ser secuestrado fue llevado a la comisaría quinta, en donde compartió el cautiverio en una celda pequeña con 23 personas. Favero coincidió en su testimonio con otrrió el 1 de junio de ese año en el departamento que habitaba en calle 57 entre 12 y 13. Y aportó un informe sobre actuaciones labradas ante el Ejército, en el que se dice que Daniel Favero, y su compañera, Paula Alvarez, fueron muertos en un enfrentamiento. 

Ese informe está firmado por el entonces oficial Raúl Machuca, de la Policía de la Provincia, y por un suboficial de apellido Argüello. “El cadáver de mi hermano no apareció, y en ese informe dice que lo habían entregado a la Morgue”, manifestó Favero. 

 

Miércoles 12 de diciembre de 2001

Se apagó la luz

En tanto, también declaró el ex policía Raúl Orlando Machuca, quien condujo el operativo policial en el que desaparecieron Daniel Omar Favero y María Paula Álvarez, en la madrugada del 24 de junio de 1977, en un departamento ubicado en la calle 57 número 880.

En esa oportunidad, Machuca actuó como jefe de una “comisión policial” conformada por cuatro hombres, entre los que estaba Julio César Argüello, el suboficial principal que fue arrestado la semana pasada acusado de cometer falso testimonio durante su declaración.

Después del procedimiento del 24 de junio, tanto Argüello como Machuca declararon en un sumario tramitado ante un Consejo de Guerra, en 1977. Hoy, el ex policía ratificó su testimonio de entonces y afirmó que la pareja que habitaba el departamento “cayó en el enfrentamiento”.

“Cuando salieron, les gritamos ‘Policía’ y sacaron armas. En eso se apaga la luz del pasillo y ahí se produce el enfrentamiento”, manifestó, sin advertir que este dato no lo aportó en su declaración de 1977.

Más tarde, añadió: “Hubo una confusión y un nerviosismo importante, gritos y muchos disparos. Los dos cayeron impactados, porque veíamos la sangre”. Cuando el juez Alberto Durán le pidió que precise si Favero y Álvarez habían muerto, Machuca respondió: “Y, doctor, que no se movían, no se movían”.

La semana pasada, Argüello declaró que no podía determinar si la pareja había sido “abatida”. En 1977, había indicado que Paula Álvarez había “caído” y que Daniel Favero se había entregado.

“Mi misión era velar para que nadie salga, porque a la madrugada el departamento iba a ser allanado por personal del COT 1 (Comando de Operaciones Tácticas). Teníamos llave de un departamento que estaba en diagonal al de la pareja. Nosotros íbamos por si salían y se dio el caso de que salieron”, dijo hoy Machuca. Y agregó: “Fue un intercambio de disparos, con el agravante de que se apagó la luz”.

En la época del ataque al departamento del matrimonio desaparecido, Machuca prestaba servicios en la Brigada de Investigaciones de La Plata, ubicada en la calle 55, entre 13 y 14. Pese a que el comisario en ese entonces era Rubén Oscar Páez, el ex policía aseguró que las órdenes de realizar el operativo en la calle 57 las recibió del comisario Juan Carlos Nogara.

“Él ordenó el procedimiento. Fue el que llegó con un grupo de 15 hombres después del tiroteo y estuvo a cargo del posterior traslado de la pareja”, señaló Machuca. Y explicó que Nogara tenía una importante participación en las operaciones de la Brigada de Investigaciones. “Estaba a cargo de todo lo que se hacía. Y también estaba (el comisario Luis) Vides, que iba y venía, estaba en todos lados en lo que era operatividad. Vides era tan arbitrario que hasta teníamos miedo”.

Además de ser interrogado por su participación en el operativo de la calle 57, a Machuca se le preguntó sobre el funcionamiento de la Brigada de Investigaciones durante la dictadura. En este sentido, el ex policía reconoció la existencia de un centro clandestino de detención en esa dependencia.

“Cuando llegó Páez, la Brigada se dividió en dos, digámoslo así: una parte que funcionaba normalmente y la parte trasera, en donde estaban los calabozos. Allí había detenidos políticos, ilegales”, aseveró el testigo.

Machuca contó que en la puerta que daba a la parte posterior de la dependencia había un cartel que, en letras rojas, decía “área restringida”. “Allí los detenidos generalmente entraban encapuchados”, afirmó. Y se atajó: “Pero yo no tenía acceso a esa zona, nunca hablé con uno de esos detenidos”.

“Los del COT 1 traían a la gente relacionada con la actividad política y subversiva. Llegaban primero a la Brigada y después se los llevaban a otros centros”, sostuvo el testigo. Y contó que había un grupo de personas secuestradas que “colaboraban con las fuerzas de seguridad y con las Fuerzas Armadas. Vides y Nogara hablaban con ellos y después se iban a atrás a hablar con los otros detenidos”.

El ex policía también dijo que el personal de la Brigada a veces participaba en el traslado de detenidos de otras dependencias policiales en donde funcionaban centros clandestinos de detención. “Nosotros éramos de refuerzo. Nos lo pedían los del COT 1, porque siempre estaba latente que (los detenidos) podían hacer un copamiento para ser liberados”, dijo Machuca, quien colaboró en el traslado de secuestrados alojados en las comisarías 5º y 8º de esta ciudad y en la Brigada de Investigaciones de Banfield.

 

Miércoles 5 de diciembre de 2001

Arrestan por falso testimonio a un policía en la sala de audiencias
El Tribunal ordenó la detención del suboficial principal Julio Argüello luego de que incurriera en “flagrantes contradicciones” en su declaración. Fue alojado en la alcaidía de los tribunales federales y quedó a disposición del juez Corazza.

Por Vanina Wiman, Lucas Miguel y Francisco Martínez
(Secretaría de Prensa)

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Argüello, observando un plano de la Brigada de Investigaciones (izq.); El Tribunal ordenó su arresto en la sala de audiencias (der.)  [ Fotos: FM ]
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LA PLATA.- El policía Julio César Argüello fue detenido hoy por orden de la Cámara Federal de La Plata, acusado de cometer falso testimonio en su declaración. El hoy suboficial principal, que declaró en carácter de testigo, cayó en "flagrantes contradicciones" al negar hoy afirmaciones que había realizado en 1977, en un sumario abierto ante un Consejo de Guerra, como consecuencia de su participación en el operativo en el que fueron desaparecidos Daniel Omar Favero y su mujer, María Paula Álvarez.

  "Arréstelo, nomás", dijo el presidente del Tribunal, el juez Leopoldo Schiffrin, luego de que Argüello brindara un testimonio plagado de imprecisiones sobre su intervención en ese procedimiento, ocurrido el 24 de junio de 1977 en el departamento de la pareja desaparecida, ubicado en la calle 57 número 880.

  Dos días después de ese episodio, Argüello -que en ese momento era cabo en la Brigada de Investigaciones de La Plata- declaró en un sumario por orden del entonces comisario Rubén Oscar Páez que el objetivo del operativo había sido "llamar a la rendición a una célula subversiva" ubicada en el departamento de Daniel Favero.

  En ese mismo sumario consta la declaración del policía Raúl Machuca, jefe del grupo operativo en el que Argüello participó junto a otro oficial no identificado. Según Machuca, los tres efectivos estaban apostados en el departamento "donde se presumía se alojaban delincuentes subversivos", cuando "de forma imprevista" la pareja "abrió fuego contra el personal policial". Y finaliza: "Tal actitud es respondida de igual forma (por la policía) hasta que la mujer y el hombre caen abatidos".

  Argüello, en ese momento, pareció ver otra cosa. Según su declaración en el mismo expediente, en cuanto el grupo se identificó como personal policial la pareja habría intentado huir disparando sobre los policías. El policía señaló que como consecuencia de eso recibió un tiro en el pie. Y agregó, también en 1977, que antes de perder el conocimiento, vio cómo "la mujer caía herida mientras que el hombre se entregaba y era detenido".

  Hoy, en su testimonio ante la Cámara Federal, Argüello dio una tercer versión: "Yo no puedo precisar que el hombre haya sido detenido ni que la mujer cayó herida. No lo recuerdo", dijo.
"Yo no sabía a qué estábamos yendo", aseguró además, cuando el juez Alberto Durán le pidió que ratifique que él estaba al tanto del objetivo del procedimiento. "Yo no participaba de los grupos operativos. Yo en ese momento realizaba el mantenimiento de los vehículos de la dependencia", indicó.

  Cuando se le preguntó por qué había integrado entonces ese grupo de tareas, respondió: "A uno le decían 'vaya a hacer tal cosa' y uno iba. Uno no podía preguntar". No obstante, no explicó por qué, si su tarea en la Brigada era llevar los vehículos policiales al taller, se encontraba en la dependencia en horas de la madrugada, cuando fue realizado el operativo.

  Por otra parte, el testigo negó que el grupo de policías estuviera "vigilando" el lugar, como expresó Raúl Machuca en 1977. "Yo llegué con él y el otro policía en un auto y ellos dos se identificaron enseguida", aseveró. Y cuando se le requirió que precisara si la pareja había sido detenida -y no "abatida", como afirmó Machuca- dijo que no podía "ni negarlo ni confirmarlo".

  Las preguntas de los jueces apuntaron también al funcionamiento del centro clandestino de detención en la Brigada de Investigaciones, en 55 entre 13 y 14. Argüello también se mostró reticente a responder. "Nunca ví detenidos encapuchados o vendados. Yo nunca tuve acceso a los calabozos", señaló el policía, que ingresó a la dependencia en 1976.

  Durán le recordó que la existencia del centro clandestino en ese lugar está comprobada. "Cualquiera que haya trabajado allí se tiene que haber enterado de lo que ocurría", le advirtió.
No obstante, Argüello dijo no haber siquiera oído comentarios de sus colegas sobre la presencia de detenidos ilegales en el lugar. "Yo no soy de hacerme amigos", indicó.

  Durante el transcurso de la audiencia, Durán hizo notar al testigo la "manifiesta contradicción entre sus dos declaraciones" y le recordó en varias ocasiones que "usted se encuentra bajo juramento de ley y no podrá desembarazarse de la responsabilidad de un falso testimonio".

  "No puedo esperar de este testigo ninguna verdad", expresó el fiscal Félix Crous, cuando se le inquirió si deseaba formular preguntas. Instantes después, Argüello era esposado delante del público presente en la sala de audiencias. El arresto del policía constituye un hecho inédito en la historia del Juicio por la Verdad. Argüello es el tercer policía denunciado por falso testimonio por la Cámara Federal, pero es la primera vez que el denunciado queda detenido.

  En diálogo con esta Secretaría de Prensa, el juez Durán señaló que es probable que el policía quede detenido toda la noche. La denuncia fue remitida al Juzgado Federal Nº 3, a cargo del juez Arnaldo Corazza.

  En ese mismo juzgado, la ex detenida María Laura Bretal presentó hoy una denuncia por amenazas contra la esposa de Argüello. Cuando el testigo se retiraba esposado de la sala, varios de los presentes aplaudieron, entre ellos Bretal. La esposa del policía, que estuvo sentada en la primer fila de audiencias mientras su marido declaraba, pasó al lado de la ex detenida y le dijo por lo bajo: "Asesina también tu hija". Bretal estaba embarazada cuando fue secuestrada en mayo de 1978.

  "La Cámara dio una señal de que los policías no pueden venir a mentir en un tribunal de Justicia. Algunos jueces se hartaron de que les tomaran el pelo", dijo la secretaria Jurídica de la APDH La Plata, Marta Vedio.

  

Miércoles 19 de junio de 2002

Una testigo vio que Favero y 
su mujer salieron vivos de su casa
En una inspección ocular, los jueces recorrieron el lugar del secuestro de la pareja desaparecida. Se desmorona la versión policial del "enfrentamiento".


Por Francisco Martínez y Vanina Wiman (Secretaría de Prensa)

 

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De este edificio de 57 entre 12 y 13 se llevaron a Daniel Favero y María Paula Alvarez (izq.); en la inspección ocular, el juez Reboredo y López Comendador buscan con la mirada el punto desde donde la testigo vio el secuestro (Fotos: FM)

 

 

 

 

Agrandar la imagenPLATA.- Una testigo del secuestro de Daniel Favero y María Paula Alvarez ratificó hoy ante la Cámara Federal que la pareja salió con vida de su departamento, luego del operativo policial que los hizo desaparecer el 24 de junio de 1977.

Alejandra López Comendador confirmó así sus dichos de octubre de 1999, que contradicen la versión policial del "enfrentamiento" y del "abatimiento" de los dos desaparecidos. Esta tarde, en una inspección ocular, los jueces y la testigo fueron hasta el departamento en el que vivían Favero y Alvarez, y del que fueron vigilados por una comisión policial cuyos integrantes declararon en el Juicio por la Verdad.

La mujer dijo que, desde su departamento, ubicado en la vereda de enfrente y a unos 20 metros, vio que "a Paula la sacaban viva, la llevaban alzada. Ella clamaba por su madre. Después, lo sacaron a Daniel a patadas". Los represores bajaron una pequeña escalera de acceso al edificio, en la calle 57 número 880 de esta ciudad.

"Como era invierno y los árboles no tenían hojas, yo pude ver desde mi ventana", graficó López Comendador, en una frase que repitió durante la recorrida. Y agregó, señalando la vivienda en la que ella estaba: "Mi hermano me pedía que no me asomara porque me iban a volar la cabeza". 

Esa noche, López Comendador vio que dos autos habían llegado a la cuadra. Su hermano, Luis López Comendador, desaparecido cuatro días después, fue al 2°G del edificio donde vivía Favero.

Allí vivía un hombre al que la familia conocía desde 1974. Se llamaba Eduardo Pérez, cuya esposa y el hermano de ésta estaban armando junto a López Comendador una compañía de animación de fiestas infantiles. Esa noche fue a pedirles unos zapatos de tap, pero se encontró que había otros personajes en el departamento.

"No hay nadie y rajá de acá", le dijeron tres personas que en ese momento le parecieron unos "facinerosos". "Mi hermano ahí me dijo que algo malo iba a pasar", dijo hoy la testigo.

Después, desde su departamento los hermanos López escucharon un disparo. "Estoy segura que no hubo un tiroteo. Porque una cosa es ¡pum, pam!, y otra cosa muy diferente es un disparo", declaró Alejandra.

A los pocos minutos, vieron cómo retiraban a la pareja del edificio. López Comendador dijo que eran "bastantes" los represores que participaron. A los cuatro días, Luis López Comendador fue secuestrado del mismo departamento desde el que vio todo. Hoy está desaparecido.

Los policías que declararon en el caso dijeron que estuvieron haciendo "una ratonera" y que la orden que recibieron de sus jefes de la Brigada de Investigaciones era vigilar que Favero y Alvarez no se escaparan. Esa vigilancia se realizó en el 2°G, departamento que está contiguo al 2°E de la pareja.

En la inspección ocular, se comprobó que la distancia entre dos ventanas enfrentadas de los departamentos es de 3 metros. Y entre la puerta del "G" y del "E" hay 7 metros, teniendo cada una de ellas una mirilla de amplia visión.

Según la versión policial, el "enfrentamiento" comenzó cuando Favero y Alvarez salieron al pasillo con intenciones de retirarse del edificio. Hasta hoy se creía que para hacer eso tendrían que haber pasado por delante del departamento en el que estaban los policías, pero con la inspección ocular se comprobó lo contrario.

En efecto, el departamento "G" está al fondo del pasillo, desde donde los policías tenían toda la visión de lo que sucedía y un excelente punto de disparo. Uno de los policías, Julio Argüello, resultó herido, razón por la cual se formó un sumario policial que es de donde salieron los nombres de los oficiales que participaron.

Uno de las personas que participó de la inspección, charlando sobre lo sucedido, dijo que la versión de los policías resultaba ser "un cuento de pe a pa".

Tanto Julio Argüello, Raúl Machuca como Mario Sita dijeron que no sabían si después del "enfrentamiento" Favero y su mujer habían resultado muertos.

Argüello brindó tan pocas precisiones que los jueces decidieron denunciarlo por falso testimonio. Machuca, dijo los cuerpos de Favero y Alvarez "no se movían" . Y Sita contó que después del "tiroteo" se fue corriendo para la Brigada a pedir refuerzos.

El departamento "G" pertenecía en esa época a Eduardo Pérez a quien la testigo López Comendador calificó hoy de "loco". "Tengo miedo de lo que pueda hacerle a mis hijos", agregó.

La mujer mencionó además que Raúl Víctor Monzón, el policía que la semana pasada declaró no saber nada del hecho, concurría "asiduamente" al departamento de Pérez. Y lo reconoció en una fotografía que le exhibió el
Tribunal.

Monzón era el jefe de Pérez en el Cuerpo de Infantería de la policía, pero negó saber que el policía haya puesto su departamento a disposición de un operativo represivo. "A mí me da la sensación de que eran amigos, iba siempre", dijo hoy López Comendador.

El fiscal Crous pidió durante la audiencia que la Cámara cite a declaración informativa a Pérez y a su esposa, Adriana Palacios.

En la inspección también estuvo la madre de Daniel Favero, Amneris Perusini. "Para mí es mucha emoción porque nunca había dado con un testigo", expresó. No había vuelto allí desde 1986, cuando un bioquímico la había dejado entrar para ver la vivienda desde la que fue secuestrado su hijo, que tenía entonces 19 años.

Caso Favero: el policía vecino de los desaparecidos se negó a declarar
Fue quien prestó el departamento a los policías que hicieron la "ratonera" contra la pareja desaparecida. Su ex esposa negó saber qué pasó.


Por Francisco Martínez, Vanina Wiman y Lucas Miguel 
(Secretaría de Prensa)

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Pérez se negó a declarar como imputado en el caso Favero, pero testimonió sobre las condecoraciones de su legajo (Foto: FM)

 

PLATA.- El policía que prestó el departamento desde el que se hizo la "ratonera" contra Daniel Favero y María Paula Alvarez se negó hoy a declarar ante la Cámara Federal de esta ciudad, en las audiencias en las que se investiga el destino de la pareja desaparecida el 24 de junio de 1977.

Gerardo Eduardo Pérez, un oficial de policía aún en actividad, había sido citado por el Tribunal como testigo, pero luego de que negara haber conocido a los desaparecidos y de haber reconocido que vivía en el 2°G del edificio de calle 57 N° 880, el fiscal ad hoc Félix Crous pidió que su declaración pase a ser informativa.

El argumento fue que existirían elementos para incriminar penalmente a Pérez por el hecho investigado. Así, la Cámara accedió a la solicitud del Ministerio Público y Pérez tuvo la oportunidad de negarse a declarar.

Entre los asistentes a la audiencia se comentaba que si Eduardo Pérez hablaba sobre la desaparición de Favero y Alvarez, todo lo que dijese podría volverse nulo en un eventual proceso penal, ya que nadie está obligado a declarar en su contra.

Pérez, según está acreditado en la causa, cedió el departamento a los policías para que realicen la vigilancia de la pareja, que vivía en el 2°E del edificio. Este hecho podría involucrarlo penalmente como partícipe necesario de lo que les pasó a los dos desaparecidos.

Según la versión policial, esa noche se produjo un enfrentamiento en el pasillo con resultado incierto: ante la Cámara, los policías Julio Argüello, Raúl Machuca y Mario Sita dijeron no saber si la pareja había resultado "abatida", mientras que el sumario policial sentenció que habían muerto.

Pero la semana pasada, una testigo del operativo reveló que vio cómo esa noche Alvarez era retirada en andas del edificio. "Clamaba por su mamá", recordó Alejandra López Comendador. Y agregó que a Favero "lo sacaban a patadas".

Lo que pasó el 24 de junio de 1977 fue confirmado en forma parcial por Adriana Palacios, la ex mujer de Pérez, quien declaró como testigo.

La mujer contó que estaba en el departamento que alquilaba junto al policía Pérez, su novio en ese momento, cuando llegaron los policías que hicieron la "ratonera". "Vinieron y me pidieron el departamento. No me dejaron llamar a mi esposo y me dijeron que no saliera del edificio. Tomé un camisón y me fui", contó Palacios.

La testigo señaló que se dirigió al departamento de una amiga, en el primer piso del edificio. Desde allí escuchó "gritos y patadas", según sus expresiones. También oyó que alguien gritaba: "Muéranse, milicos hijos de puta".

Palacios añadió que escuchó "varios tiros" y "pasos de gente que iba y venía" y que horas más tarde volvió a su departamento y vio manchas de sangre en el pasillo e impactos de bala en las paredes. También, añadió más tarde, vio una soga o "algo anudado" que colgaba de la ventana del dormitorio en donde estaba la pareja desaparecida.

La ex esposa de Pérez dijo que no conocía a las personas que hicieron la vigilancia a Favero y Alvarez. Y contó que su hermano Osvaldo fue al departamento y se encontró con los policías, quienes lo echaron del lugar.

Sobre el final de la audiencia, el juez Julio Reboredo le dijo a Palacios que le resultaba extraño que ella y su hermano se hubiesen ido sin preguntarse quiénes eran las personas que virtualmente invadieron el departamento. "Su declaración no me convence", le espetó. "Es lo que sé que sucedió", respondió tímidamente Palacios.

Palacios también negó que su ex esposo supiese algo. "Estaba totalmente ajeno a todo lo sucedido", declaró.

En otro tramo de su testimonio, expresó que su hermano Osvaldo conocía a Luis López Comendador, el hermano de la testigo que vio cómo se llevaban secuestrados a Favero y a Alvarez. Este joven también fue al departamento "2°G" esa noche, a buscar un par de zapatos de tap, y fue echado por los policías, quienes le parecieron unos "fascinerosos". Cuatro días después, López Comendador fue también secuestrado y hoy está desaparecido.

 

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Monzón: "Escuché que hubo un operativo ahí pero no estuve" (Foto: FM)

 

Favero y Mariani

En la jornada de hoy también declaró el comisario inspector de la Policía bonaerense Raúl Ricardo Monzón, quien en la actualidad presta funciones en el Comando de Patrullas de Berazategui. Compareció vestido con el uniforme de la fuerza, exhibiendo seis condecoraciones, y tras apoyar la gorra sobre el estrado.

Monzón fue convocado en el marco de la causa en la que se investiga la desaparición de Daniel Favero y su esposa, María Paula Álvarez, ocurrida el 24 de junio de 1977 en un departamento de la calle 57, entre 12 y 13, de esta ciudad.

El policía, que entonces era ayudante subinspector y se desempeñaba en el
Cuerpo de Infantería local, era amigo y superior del entonces agente Gerardo Pérez, dueño de un departamento contiguo al del matrimonio desaparecido, desde el que cuatro policías de la Brigada platense vigilaron a los Favero.

Los jueces dirigieron sus preguntas a determinar el rol de Monzón en ese operativo. "Escuché que hubo un operativo ahí, pero no estuve. Ese día yo estaba de guardia en Infantería", dijo el comisario.

Además, agregó que nunca supo que Pérez hubiera puesto su departamento a disposición de un operativo que comandó la Brigada de Investigaciones. Y señaló que pudo ser factible que un superior le hubiera ordenado a Pérez poner el departamento al servicio de ese operativo y que él no se hubiera enterado.

Debido a las contradicciones de los policías que ya declararon en la causa, la Cámara no pudo determinar si Favero y su esposa fueron asesinados durante el operativo o secuestrados e ingresados en el circuito de centros clandestinos.

Por otro lado, los jueces interrogaron a Monzón por su participación en el procedimiento en el que fueron asesinados Diana Teruggi, Daniel Mendiburu Eliçabe, Roberto Porfidio y Juan Carlos Poiris, y secuestrada la beba Clara Anahí Mariani, en la hoy denominada "Casa de la Resistencia", en 30 entre 55 y 56.

El 24 de noviembre de 1976, Monzón concurrió al operativo al mando de diez oficiales de Infantería, que se apostaron sobre la calle 29 para cerrar la manzana. "Nuestra misión era estar ahí atrás. Yo comandaba al grupo, pero estaba subordinado a la gente de (la Brigada de) Investigaciones", aseguró el comisario, que remarcó que nunca ingresó a la casa porque "lo teníamos prohibido". También recordó que durante el procedimiento estuvieron presentes el Ejército y la Marina: "No tengo ni idea qué hacían ellos. Se supone que ese día fueron a buscar gente que estaba en contra de esa época (sic)", agregó.

Los jueces, entonces, le preguntaron qué sabía de aquel operativo. "Dijeron
que murieron siete u ocho y los trasladaron a la morgue", respondió.

—¿Se enteró que había un bebé dentro de la casa? — inquirió el juez Alberto Durán.

—Me comentaron que había un bebé, pero no sé que pasó con él. No me acuerdo.

La participación de Monzón en aquel procedimiento se desprende de su legajo, que señala que recibió una condecoración el 30 de noviembre de 1976, seis días después del ataque a la casa. "La Jefatura lo felicita, ha tenido activa participación en un enfrentamiento armado con elementos marginados de la sociedad, dejando plenamente asentado en el evento la valentía, capacidad y celo profesional con que se encuentran dotados los efectivos de esta repartición", dice el legajo.

No obstante, Monzón reiteró que su función se limitó a vigilar que "nadie huyera" por la calle 29, donde hizo guardia, y que no ingresó en la vivienda. También agregó que las condecoraciones se daban "por el hecho de haber estado en el lugar, nada más".

El comisario aclaró también que en esta clase de operativos el Cuerpo de Infantería obedece las órdenes de la Brigada de Investigaciones. Los jueces, entonces, le preguntaron cómo hacía para reconocer el rango de un policía vestido de civil (los integrantes de las brigadas operan de esa manera): "Bueno, uno ve que hay un hombre a cargo de un grupo y que todos acatan las órdenes y, bueno, ese es el jefe".

—Entonces un buen actor podría ordenar a la Infantería -le dijo el juez Leopoldo Schiffrin en tono irónico.

—Y, sí. Infantería era una fuerza disciplinada. No preguntaba, acataba
órdenes.

Durante la última dictadura funcionó un centro clandestino de detención en el Cuerpo de Infantería de la Policía, en 1 y 60 de esta ciudad. Las preguntas de los jueces también se dirigieron en ese sentido.

Monzón reconoció sin vueltas la existencia del centro clandestino y dibujó un plano sobre el lugar, a pedido de un abogado de la APDH La Plata. Reconoció que "los detenidos estaban en una compañía (galpón)", pero deslindó responsabilidades de los efectivos policiales al afirmar que "eso estaba a cargo del Ejército" y que "nosotros estábamos en la puerta, pero no podíamos ingresar" al galpón.

Además, calculó que habría alrededor de 120 personas detenidas ilegalmente, "100 hombres y veinte mujeres, más o menos", a quienes se ingresaba por una puerta trasera "con los ojos vendados". Y añadió que el centro clandestino funcionó entre 1976 y 1979.

Por otro lado, dijo que los detenidos eran alimentados por el Ejército, pero que "cocinaba el cocinero nuestro".

Monzón, además, demostró tener una excelente memoria al ser preguntado puntualmente sobre distintos hechos vinculados con la represión ilegal en La Plata. Pero cuando se le inquirió que enumerara todos en los que estuvo, dijo: "He ido a varios procedimientos, innumerables, pero no los recuerdo a todos exactamente".

Caso Favero: pocas precisiones de un
policía que participó en el secuestro

Mario Sita dijo que no supo si Favero y su mujer murieron en el operativo. Y negó haber sido condecorado por “eliminar personas”. En tanto, el represor Rubén Lavallén no se presentó a declarar

Por Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)

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Mario Sita: "Para mí estaban heridos o muertos, porque no se movían" 
(Foto: FM)

 

 

 

PLATA.- Otro policía que participó del operativo de secuestro de Daniel Favero y María Paula Alvarez brindó pocos datos a la investigación que lleva adelante la Cámara Federal de esta ciudad, en el reinicio de las audiencias orales y públicas del Juicio por la Verdad, que investiga la represión ilegal de la última dictadura.

Mario Víctor Sita, un suboficial mayor retirado de la Policía provincial, no pudo precisar si el matrimonio de desaparecidos fue asesinado durante el operativo, ocurrido el 24 de junio de 1977 en un departamento de calle 57 de esta ciudad.

"Para mí estaban heridos o muertos, porque no se movían", expresó el policía, coincidiendo en el nivel de claridad de su jefe, Raúl Machuca, y su compañero en el operativo, Julio Argüello, quienes declararon a fines del año pasado (ver 121201 y 051201).

El 5 de diciembre Argüello fue arrestado y denunciado por la Cámara por cometer falso testimonio, ya que se contradijo con una declaración prestada en 1977 en un sumario policial, en el que había indicado que el grupo de policías se dirigió a "llamar a la rendición a una célula subversiva". 

Hoy, Sita dijo que él y sus compañeros fueron llevados por Machuca a realizar el operativo, sin que les dieran mayores explicaciones. "Quién lo ordenó, no sé. No sabíamos quién iba a salir", afirmó.

Agregó que Favero y Alvarez salieron del domicilio y "les dimos la voz de alto. Se dan vuelta y ellos empezaron a disparar, ¿vio?. Se imagina que nosotros tuvimos que hacer más o menos lo mismo que ellos".

Sita contó que después del tiroteo Machuca le ordenó ir a la Brigada de Investigaciones, donde los policías prestaban servicios. "Cuando vuelvo, ya no estaban ni los heridos, ni los muertos. Estaban los jefes", relató.

En el supuesto tiroteo fue herido Argüello, quien se recuperó en el Instituto Médico Platense, donde brindó la declaración en el sumario policial. En ese testimonio, Argüello dijo que cayendo al suelo observó cómo "la mujer caía herida mientras que el hombre se entregaba y era detenido". 

Mario Sita dijo hoy que vio caer a Argüello y que vio también cuando cayeron -abatidos o no- Favero y Alvarez. Pero cuando el Tribunal le preguntó cuándo se había producido la detención a la que aludió Argüello, Sita contestó: "Habrá sido cuando fui a la Brigada".

Sita apeló al "no recuerdo" en varias oportunidades durante su declaración, incluso cuando se le preguntó por qué había sido condecorado en noviembre de 1976 con la orden San Miguel Arcángel. 

Según consta en su legajo, esa vez Sita fue ascendido de sargento a sargento 1° por "mérito extraordinario", por haber "eliminado de la sociedad a elementos estremadamente (sic) peligrosos, para beneficio de la misma y prestigio de la Institución".

"He recibido muchos diplomas, medallas", presumió Sita y agregó: "Hubo un momento en que ascendieron a mucha gente".

-¿Tiene la certeza de no haber recibido una felicitación por eliminar personas? -preguntó la abogada Marta Vedio, de la APDH La Plata.

-No -contestó Sita, tajante- por eliminaar personas, no.

Tras esta respuesta, la abogada pidió a la Cámara que considere la posibilidad de ordenar un procesamiento por falso testimonio contra el policía, cuestión que no fue tratada.

A su turno, el juez Leopoldo Schiffrin expresó que había "un problema serio" en la declaración de Sita y que "ninguno de los policías citados por el Tribunal pudo resolver esta contradicción". 

"Temo que estemos ante actitudes preestablecidas, lo cual me resultaría muy penoso", agregó el juez. Al salir de la sala de audiencias, Sita fue insultado por algunos integrantes del público.

Miércoles 10 de julio de 2002

La Asamblea entregó a Cafiero listas de policías que revistaron en centros clandestinos
Los listados incluyen a los efectivos que comparecieron ante la Cámara Federal de La Plata, en el marco del Juicio por la Verdad.

Por Lucas
Miguel (Secretaría de Prensa)

LA PLATA.- La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata entregó hoy al ministro de Seguridad y Justicia bonaerense, Juan Pablo Cafiero, y a la subsecretaria de Derechos Humanos, Sara Derotier, cuatro listados que contienen los nombres de policías que revistaron en centros clandestinos de detención durante la última dictadura cívico-militar y que comparecieron ante la Cámara Federal en el marco del Juicio por la Verdad. El organismo, además, expuso a Cafiero en una carta un petitorio de "medidas inmediatas" a adoptar en una nueva política de seguridad.

La entrega de la documentación se dio en el marco de una reunión que mantuvo el flamante titular de la cartera de Seguridad y los subsecretarios de Justicia y Políticas Penitenciarias bonaerenses, Carlos Martiarena y Marcelo Lapargo, con el denominado Grupo de Trabajo, integrado por organismos estatales y no gubernamentales, del que forma parte la APDH La Plata.

La Asamblea entregó un listado general de 82 policías que comparecieron en el Juicio por la Verdad y otras tres listas que desagregan esa información, clasificando a los efectivos por participación en casos o centros clandestinos de detención. La lista más numerosa la integran los policías que revistaron en la Comisaría 5° y en el Destacamento de Arana.

En ella aparece Mario Alberto Mijín, superior directo del comisario Alfredo Franchioti, preso por el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Costeki, durante la masacre perpetrada por la Policía el 26 de junio pasado en Avellaneda.

Las listas también incluyen los nombres de los efectivos comprometidos en la causa abierta por la desaparición de la beba Clara Anahí Mariani y el asesinato de sus padres, Diana Teruggi y Daniel Mariani, y de aquellos de los que se sabe participaron  o están seriamente implicados en la desaparición de Daniel Favero y su esposa María Paula Álvarez.

Los efectivos vinculados al caso Mariani prestaron servicios en distintos cuerpos policiales, mientras que los del caso Favero cumplieron funciones en la Brigada de Investigaciones (centro clandestino "La Casita") y el Cuerpo de Infantería, sede de otro centro.

Las listas entregadas por la APDH La Plata a Cafiero y Derotier fueron acompañadas por una carta en la que el organismo explica que ignora si varios de esos policías ya fueron pasados a retiro, tarea sencilla de verificar para los funcionarios.

"Esperamos que esta información sirva para comenzar un proceso de reestructuración de la Policía bonaerense, que la convierta en una fuerza al servicio de la democracia y la comunidad, y para que nunca más sea partícipe y ejecutora de los crímenes que enlutan a nuestro pueblo", finaliza la misiva, que promete el envío a la brevedad de información más detallada sobre la participación de efectivos de la fuerza en delitos de lesa humanidad.

El petitorio para Cafiero

En otra carta, la Asamblea expresó al flamante ministro "los puntos sobre los que le pedimos atención y medidas inmediatas". El texto incluye quince
ítems, entre los cuales se destacan:

- "Disponibilidad inmediata" dde los policías sospechados de participar en el
terrorismo de Estado.

- "Constitución de un tribunal indeependiente" que lleve a cabo los sumarios
de la fuerza.

- "Erradicación de la Doctrina de SSeguridad Nacional de la Escuela Juan
Vucetich, con cambio de planes de estudio, métodos de enseñanza y
profesores".

- "Prohibición de reprimir marchas,, peticiones, manifestaciones, piquetes,
asambleas, huelgas y toda otra forma de lucha popular legítima".

- "Disolución de los cuerpos especiializados en reprimir, como el grupo GEO o
los llamados 'paleros'".

Además, la APDH La Plata solicitó el cese de "razzias y los allanamientos masivos con órdenes en blanco" y el "apartamiento total y absoluto de la policía administrativa de la función de investigación".

La entrega de las cartas se dio esta mañana en el marco de una reunión en la que también participaron la Defensoría de Casación Penal, la Comisión Provincial por la Memoria, la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara baja, la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia, la Universidad Nacional de La Plata, el Instituto de Estudios en Ciencias Penales (INECIP) y el Centro de Estudios Legales y Sociales, todos integrantes del denominado Grupo de Trabajo.

 GENERAL-JUDICIAL-8894

FISCAL PIDE INVALIDEZ DE LEYES

DE PUNTO FINAL Y OBEDIENCIA DEBIDA

LA PLATA, sep 16 (DIB).- El fiscal Félix Crous, delegado por la Procuración General de la Corte de la Nación para actuar en el Juicio por la Verdad de La Plata, pidió la invalidez e inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y la detención e indagatoria de los policías involucrados en el operativo en el que desaparecieron Daniel Favero y María Paula Alvarez, durante la última dictadura.

La solicitud, fue presentada ante el juez federal N°3 de La Plata, Arnaldo Corazza, y contempla que tanto los policías que participaron de la "ratonera" contra la pareja desaparecida como el entonces Jefe de la Brigada de Investigaciones de la Policía provincial, sean juzgados por haber cometido delitos contra la humanidad.

 

Lunes 16 de septiembre de 2002

Caso Favero: el fiscal Crous pide detenciones y la invalidez de las leyes de impunidad
La solicitud reclama la indagatoria y detención de los policías que participaron en el secuestro de Daniel Favero y María Paula Alvarez, y de quien era en ese momento Jefe de la Brigada. El juez de primera instancia Arnaldo Corazza deberá resolver el primer pedido que se hace en La Plata contra el Punto Final y la Obediencia Debida. Es una consecuencia de la prueba recogida en el Juicio por la Verdad.

 

 

Los cuatro acusados: Raúl Machuca, Julio Argüello, Mario Sita, y Rubén Páez (Fotos: VW y FM)

Por Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)

LA PLATA (16sep02).- Félix Crous, el fiscal delegado por la Procuración General para actuar en el Juicio por la Verdad de esta ciudad, pidió la invalidez e inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y la detención e indagatoria de los policías involucrados en el operativo en el que desaparecieron Daniel Favero y María Paula Alvarez, durante la última dictadura.

La solicitud, una extensa denuncia de más de 140 páginas que fue presentada la semana pasada ante el juez federal N°3 de La Plata, Arnaldo Corazza, contempla que tanto los policías que participaron de la “ratonera” contra la pareja desaparecida como el entonces Jefe de la Brigada de Investigaciones de la Policía provincial, sean juzgados por haber cometido delitos contra la humanidad.

De esta forma, Crous denunció a los ex policías Raúl Orlando Machuca, Mario Víctor Sita y Rubén Oscar Páez, y al actual suboficial principal Julio César Argüello, y pidió al juez su indagatoria y consecuente detención.

Machuca comandó la comisión policial que esperó a Favero y a Alvarez el 24 de junio de 1977, en un departamento del edificio de calle 57 entre 12 y 13 en el que vivían. Sita y Argüello participaron también de la “ratonera”, y Páez era por entonces Jefe de la Brigada en la que todos trabajaban.

La versión aportada por los policías en el Juicio por la Verdad fue que tuvieron un “enfrentamiento” en los pasillos del segundo piso del edificio, lo que derivó en algo que ninguno de los ex efectivos se animó a decir: la desaparición de los dos jóvenes.

El sumario policial instruído en esa época, a raíz de que Argüello fue herido de bala, indicó que la pareja había resultado abatida. Sin embargo, en sus delcaraciones testimoniales, ninguno de los policías se animó a sostener con firmeza esa afirmación. Machuca, por ejemplo, señaló que “no se movían”, aunque ratificó su firma en el sumario.

No obstante, sus testimonios quedaron debilitados cuando la Cámara tomó declaración a Alejandra López Comendador, una mujer que desde la ventana de su departamento, ubicado en la vereda de enfrente, vio esa noche como “a Paula la sacaban viva, la llevaba alzada. Clamaba por su madre” y también observó como “a Daniel lo sacaban a patadas”.

“Los policías imputados en este caso conocían cabalmente cual era el curso causal que ponían en marcha participando de un secuestro como el que sufrieron María Paula Alvarez y Daniel Omar Favero: la inmediata detención ilegal, la segura aplicación de tormentos, el alojamiento en condiciones que resultaban en si mismas la continuidad del tormento, el aislamiento y el retaceo de la información buscada por los familiares”, dijo el fiscal en su presentación, resumiendo la responsabilidad de los imputados en el operativo.

La denuncia de Crous señala también el hecho de que nunca se probó la muerte de Favero y Alvarez, que permanecen desaparecidos. La propia dictadura, en ocasión del dictado de la Ley de Autoamnistía, reconoció esos hechos. Al pedir informes a la Policía de la Provincia de Buenos Aires, “el Brigadier Norberto Celestino Rosso —el Fiscal de la FFAA— no recibió respuesta satisfactoria, porque no existían ninguno de esos registros, y en su dictamen dejó sentado que no se había probado la muerte de Alvarez y Favero”, recuerda el fiscal.

El representante del Ministerio Público aportó nuevos detalles de la causa. El propio Machuca, un joven oficial de entonces 23 años, “comandó una comisión que fue a buscar a Favero —luego desaparecido— el 1º de junio de 1976”. Este dato fue brindado, en una declaración no pública, por un familiar del desaparecido que reconoció a Machuca cuando declaró en el Juicio, el 12 de diciembre del año pasado.

Crous también recogió una interesante conexión que estableció el antrópologo Alejandro Incháurregui, en la causa del Juicio por la Verdad. “Un día antes del secuestro de María Paula Alvarez y Daniel Omar Favero —es decir el 23 de junio de 1976—, fueron secuestradas del mismo departamento Liliana Beatríz Marcos y Adriana Mirta Bigueret, ambas estudiantes de psicología.”

Cerrando la cuestión, el fiscal añade: “Tres días después las llaves del departamento le fueron devueltas a sus dueños por personal de la Brigada de Investigaciones de la policía de la provincia de Buenos Aires. Durante ese lapso fueron desaparecidos Alvarez y Favero.”

En cuanto a la responsabilidad penal de los imputados, la presentación resalta que Machuca, Sita, Arguello y Páez sabían qué era lo que iba a pasarles a la pareja desaparecida.

“En esta representación y consentimiento de injustificables hechos atroces y aberrantes (haciéndolos de ese modo propios) deben incluirse todas las alternativas del destino final de los detenidos, entre ellas el asesinato y el ocultamiento el cadáver de los secuestrados, como corolario del periplo iniciado con la captura perpetrada por los imputados.”

Félix Crous se dedica además a rebatir la “pueril versión” de los policías, que dijeron que en la Brigada de Investigaciones sólo cumplían funciones admnistrativas. Argüello, por ejemplo, señaló que se dedicaba a reparar autos, en horario nocturno.

“A poco que se repare —explica el fiscal— que el 1º de junio de 1977 Machuca visitó la casa de los Favero”, y que Luis Favero, el hermano de Daniel que declaró en el Juicio en diciembre de 1999, “fue secuestrado y retenido en la Brigada de Investigaciones el 12 de febrero de 1977, donde fue interrogado bajo tortura sobre el paradero de su hermano”.

Recuerda, asimismo, que Luis López Comendador, hermano de la testigo clave del caso, fue secuestrado cuatro días después de la desaparición de Favero y Alvarez. Este joven concurría a recibir clases de zapateo americano al departamento, contigüo al de la pareja desaparecida, que los policías utilizaron para hacer “la ratonera”.

Crous remata: “Mal pueden decir Machuca y sus subalternos que nada tuvieron que ver con la represión estatal clandestina. Parece bastante claro que esas familias, vecinas también de la Brigada de Investigaciones, fueron diezmadas por la acción de una de las patotas que allí operaba”.

Además, en la exposición de los hechos, el representante del Ministerio Público señala que la desaparición de Favero y Alvarez “es un caso más en el cual se documenta falsamente en un expediente una muerte que no fue producida del modo, en el lugar y al tiempo que se declara en esas actuaciones”.

Y explica el procedimiento que utilizaban las fuerzas represivas de la época: “Se dejaba constancia de un falso abatimiento en condiciones de defensa legítima, con la particularidad de que no se entregaba el cadáver, lo cual encubría la ilegal detención destinada a obtener información bajo tortura, particularidad que permitía inferir, ahora y antes, que los enfrentamiento podían no ser tales y que los muertos permanecían vivos”.

Invalidez de las leyes de impunidad

La mayor parte de la presentación de Crous se dedica a justificar la necesidad de declarar la invalidez e inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, para abrir el camino a la sanción penal de los policías que propiciaron la desaparición de Daniel Favero y María Paula Alvarez.

El fiscal recoge en su mayor parte los argumentos dados por el entonces juez federal de Buenos Aires Gabriel Cavallo, quien en marzo del año pasado declaró la nulidad y inconstitucionalidad de las normas de impunidad.

En el final de la denuncia, Crous señala que “estas leyes que tanto han dañado la esperanza de afianzamiento de la Justicia una vez restablecida la Democracia, entrañan la violación masiva de normas de máxima jerarquía nacional y supranacional, agravian a la República y ofenden el sentimiento de justicia de la comunidad internacional”.

En otro párrafo, el fiscal desliza críticas al poder político que sancionó las normas. “Para decirlo sin eufemismos, esas leyes estaban destinadas a brindar impunidad total a la inmensa mayoría los ejecutores, a los retransmisores de órdenes o mandos intermedios, y a buena parte los oficiales superiores del aparato terrorista del Estado”, señala Crous.

Agrega que en el momento del dictado de las normas de impunidad, “las causas 13 y 44 tenían sentencia, de modo que nadie podía hacerse el desentendido ni rehuir el intrínseco disvalor de estas norma de impunidad para delitos atroces, aberrantes y de lesa humanidad.”

Continúa Crous: “Perversa paradoja: para las víctimas de este circuito judicial platense los tres poderes de la República emitieron un mensaje enloquecedor: mientras el Poder Judicial mostraba el primer atisbo de Justicia por los crímenes del “circuito Camps” (causa 44), el Legislativo y el Ejecutivo consagraban, casi contemporáneamente, la impunidad respecto de los mismos hechos”.

“Conmueve entonces